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Nos encontramos en 1982, el Instituto lleva dos años, en pleno funcionamiento y goza de éxito. Los que otrora fueran amigos, Charles Xavier y Magneto, han tomado un cruce antagonista. ¿Qué camino es el correcto y a cual te unirás?
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Trouble been doggin' my soul, since the day i was born [Lorna Dane]

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Trouble been doggin' my soul, since the day i was born [Lorna Dane]

Mensaje por Iker S. Wahlström el Dom Jul 13, 2014 8:57 am

La bicicleta marchaba sin merced alguna; las calles por ese sector de New York escaseaban de personas y mejor aún: de tráfico. Así Iker podía ir zigzaguenado las calles despreocupadamente. ¿Su destino? Una simple farmacia. Lo especial de la farmacia era uno de los productos que vendían: La leche de almendras. Por desgracia, en el Instituto soló tenían la leche convencional y de soya, ambas displicentes para el muchacho, razón por la cual desde hacia ya casi un año tomó la costumbre de cada semana ir a dicha farmacia. Sin presentarse ningún problema en el camino, logró llegar a su destino. La malhumorada señora que tres meses atrás fue contratada en el establecimiento, como siempre, lo recibió en el cajero con un semblante adusto. Ante esa actitud Iker normalmente soló lanzaba un cordial comentario, ese día no fue una excepción. - Asombroso anochecer ¿No? - Colocó sereno, el par de galones de leche sobre el mostrador - Quien esperaría que el cielo fuera rosado ...- Musitó cada vez bajando más la voz por esa mirada asesina con la que Gretchen, la cajera, lo observaba. - 2 doláres y 25 centavos - Ella respondió ignorando cualquier palabra del mutante. Él a cambio tan soló le entrego tres doláres y esbozó una sencilla sonrisa - Así esta bien - Adelanto rechanzando cualquier cambió. Posicionándose en la bicicleta, avanzó a las afueras de la tienda - Buen día... O mas bien, buena noche - Se despidió, tomando carrera y largándose del lugar. Ahora que lo pensaba,  seguramente el meter la bibicleta a la tienda, era una de las principales razones por las cuales Gretchen demostraba tal desagrado ante él ¿Pero él que iba a hacer? El viaje no era muy largo, consecuencia: no llevaba la cadena para asegurar la bicicleta a algún barandal, por lo tanto no iba a dejarla abandonada en la acera para correr el riego de que alguien la robará. Tenía demasiado valor para él como para tomar ese riesgo.

Decidió pasear un rato, después de todo, no se daba todos los días tener las cuadras vacías a su disposición. Aseguró con firmeza los galones al manubrio, evitando que resbalaran y cayeran al adoquinado al andar. Preparado, la calle se transformó en una pista de ciclovía. El público rugía, lo incitaba a pedalear como nunca antes. No se consideraba un adulto en regla, tenía 23 años era cierto pero, tambien 22 y 21, 12, 9 años ... Para la forma en la que Iker veía el mundo, permitirse fantasear y disfrutar como un niño no era un regla sino una obligación. Listo y dispuesto, arrancó pedaleando a toda marcha, la brisa lo despeinaba libremente, y él ni siquiera estaba sentado en el asiento. Iba a imponer un récord ¡El grandioso Santiago lo iba a lograr! Los estridentes comentarios de las tribunas no se hacian del rogar, y eran gritados a todo volumen. Al llegar a la meta, casi reventaron sus oídos con las celebraciones. Tan soló por pavonearse, comenzo a dar otra vuelta, su marcha no minoró, todo iba la mar de bien hasta que al dar una vuelta por otra cuadra, dos perros se cruzaron en su camino. Apenas alcanzó a reaccionar, desviando oportunamente el manubrio. Y lo consiguio. No los golpeo. Pero el karma lo espero. Al desviarse se estampo con el borde de la banqueta, causando que la bicicleta, tanto por la velocidad como por la fuerza, se levantara con el fin de volcarse. Todo estaba pasando muy rápido, los galones de leche caían al suelo, uno desparramándose en el suelo. Se iba a estrellar... ¡Se iba a estrellar! Reaccionando tarde pero efectivamente, Iker creo un campo de fuerza. Uno de electromagnetismo con forma de ovalo. Su salvación para no estrellarse con el suelo. Por un par de segundos, respiro, y trato de calmar sus pulsaciones. Listo
...
Deshizo el campo de fuerza. Cuidó en no pisar sobre el charco de leche y tomó el galón en buen estado, tendría que regresar a la farmacia. Echo un rápido vistazo a los perros y, estos ya venían de regreso a él. ¿Que demonios?... Su interrogante, pronto fue resuelta. No corrían hacia él, sino a la leche que descansaba en el pavimento. Después, todo lo que se escuchaba eran los lenguetazos de esos cachorros. Sin poder evitarlo, Iker se arrodillo y tomó el envase de cartón roto, sobre este vertió el otro galón de leche, cuidando que no se cayera y bebieran la leche limpia. Los perros no esperaron, y comenzaron a tomarla. Sabía que no debían de beber leche pero se veían tan sedientos... Flexionó una rodilla y se impulso para levantarse, al instante atisbó la silueta de una persona en la calle. Demonios... No hizo falta observar con más atención, efectivamente una persona lo estaba mirando. Y si lo estaban mirando... El campo de fuerza. Tragó saliva, y armó frente a la persona. Si no llevaba mucho tiempo allí estaba salvado. - ¿Entretenida con los perros? - Interrogó casualmente a la joven castaña. Ya se había acercado a ella, con la bicicleta a un lado. Y ahora, estaba plantado a su lado, observando a los cachorros.

¿Su misión actual? Descubir que tanto habia presenciado la joven.
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Re: Trouble been doggin' my soul, since the day i was born [Lorna Dane]

Mensaje por Lorna S. Dane el Mar Jul 15, 2014 3:20 am

Cerró con fuerza el libro, haciendo que el eco del sonido producido se extendiera por toda la sala. Las cabezas que había a su alrededor se levantaron y clavaron sus ojos sobre ella. Lorna levantó su mano a modo de disculpa y se levantó. Había pasado toda la tarde buscando algún libro interesante sobre física con el que poder entretenerse, pero ninguno llamaba poderosamente su atención. No le apetecía volver a preguntar a la bibliotecaria, quien pensaría que Lorna era la visitante del edificio más pesada de la historia, así que se dedicó a pasearse por la sección de ciencia. Era bastante más larga de lo que esperaba, pero suplió con creces el tiempo que quería pasar allí. No aguantaba más días en aquel diminuto piso con unos padres que la miraban con ojos sospechosos, como si su hija fuera alguien a quien debieran controlar el máximo tiempo posible. Toda su atención recayó finalmente en un libro de tapas oscuras y bien encuadernado, una de estas ediciones poco corrientes, con hojas ásperas y olor a antiguo que tanto le gustaban. Echó un vistazo al interior, haciendo pasar las hojas a gran velocidad y, con solo ese vistazo, Lorna pareció quedar satisfecha. Algunas páginas contaban con dibujos detallados que harían las delicias de cualquier entusiasta de la física, así que la agarró con fuerza y, esta vez sí, se dirigió a la bibliotecaria, pero para solicitarle el préstamo de un libro.

Sin duda había pasado más tiempo entre libros de lo que esperaba. El cielo anaranjado comenzaba a dar paso brechas violáceas que indicaban que la noche se cerniría pronto sobre la ciudad de Nueva York. Lorna aceleró el paso en un intento por no llegar a casa con el sol puesto de manera definitiva, pero no solo el tráfico era terrible en Nueva York, sino que los peatones impedían avanzar a un ritmo rápido a no ser que uno se fuera abriendo paso a base de empujones.

Lorna decidió callejear para recortar algo de tiempo, recorrido más arriesgado por la falta de personas y de luz en las calles. Apresuró aún más el paso hasta que escuchó un ruido que la hizo frenarse en seco. Al final de la calle parecía haber alguien, pero Lorna no estaba convencida de que aquella pudiera ser una situación segura. Caminó a pasos cortos, intentando hacer el menor ruido posible y observó entre las sombras. Sentía que el ritmo de su corazón se aceleraba y que su respiración se agitaba. Lo había visto bien, lo había visto perfectamente y hubiera salido corriendo de no ser porque estaba paralizada. Ese chico tenía poderes, poderes como ella. Lorna se sintió aterrada, nerviosa... Un cúmulo de sensaciones se agolparon en su cuerpo. No tenía tiempo de reacción, pues el chico ya estaba sobre ella. Intentó mantener la calma, pero el libro que acababa de sacar de la biblioteca se le resbaló entre los dedos y cayó al pavimento con un golpe seco. Lorna se apresuró a recogerlo, esperando que no hubiera sufrido ninguno rasguño y evitando clavar sus ojos en el joven que había parado justo a su lado — En... En realidad y, si no me equivoco... Eso es leche de almendras — El olor le resultó inconfundible y el afán con el que los perros la bebían la hacían estar más segura todavía de que se trataba de leche de almendras — ¿Son... Son tuyos? — Preguntó todavía nerviosa mirando a los animales. "Maldita sea Lorna, ¡tienes que calmarte!". Carraspeó — Porque si esa leche con almendras tiene azúcar puede resultar una buena golosina, pero su abuso les puede provocar diabetes o vómitos y otros problemas del estómago que pueden llegar a ser graves — Ahora sí, en un intento por parecer serena, fijó su vista en el chico, joven, aunque más mayor que ella.
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Re: Trouble been doggin' my soul, since the day i was born [Lorna Dane]

Mensaje por Iker S. Wahlström el Miér Jul 16, 2014 12:48 pm

Normalmente, todo se reducía a conductas. En ese minuto, el temblor en la voz de la chica, como evitaba su mirada, el que dejara caer el libro, todo decía a gritos que estaba nerviosa, él también lo estaba, solo que tenían una diferencia, uno de ellos lo escondía. Paciente, Iker aguardó escuchándola hasta que pudiera formular una palabra serenamente y sonrío. - ¿De cuál libro aprendiste eso? - Preguntó con un peculiar tono burlón. - Porque se escucha sacado tal cual del libro - Simplemente por su apariencia y reacciones, ni mencionar su hablar...aunado el libro que llevaba, ya asumía que invertía demasiado tiempo de cualidad en la literatura. Sin embargo, allí en su mente murmuburaba una voz, y esta decía que no juzgará por simples apariencias. Lo intentaba, pero era difícil. - Y no, no son míos - Musitó tranquilo, devolviendo la mirada a los cachorros, uno, el Collie, aparentaba estar satisfecho al tiempo que descansaba echado en la acera, o podría ser la leche le había caído mal. El otro, parecido a un Maltés, buscaba sobras de leche. Dejó salir un marcado suspiro. - Y lo se. - Agregó en referencia al azúcar en la leche de almendras, por esa razón bebía una pequeña porción al día; el galón se terminaba rápido soló porque otras personas en el Instituto aprovechaban la presencia de más leche y acababan con ella, por eso ese día llevaba dos galones que, terminaron en la barriga de los perros. - Pero no sabía si iban a conseguir algo de comer en la noche, o mañana - Algún refugio debería de estar abierto a esas horas, si no era así... estaba el Instituto; ahogó una carcajada. Ya se imaginaba infiltrando de contrabando a los perros y al minuto siendo descubierto por un estudiante manso. No era un opción. - Además dudo mucho que alguien los encuentre y casualmente también les de leche de almendras...- Adució concluyendo.

Una vez ya seguro de que, la chica, al menos en el exterior no denotaba nerviosismo, continuó. - Increíble ¿no?... - El Collie de nuevo se acercó al maltés, y jugaba con el, poniendo sus garras en el rostro del otro, tratando de derrumbarlo, pero era solo eso, un tratar, daban ternura al verlos pelear torpemente. - ...Como de un minuto al otro tienen energía - Elaboró lo antes dicho. En su mente daba una, tras otra y otra vuelta a como abordar el tema del campo de fuerza. Confiaba plenamente en su instinto, y este, por los nervios de la castaña, le aseguraban que había presenciado el uso de su poder. También existía la posibilidad -y al considerarla le resultaba graciosa, pero era validá- de que ella pensará que Iker le iba a ser daño, y estaba justificada a creerlo por lo vacío y tétrico de las calles. No obstante, soló contaba con una forma de averiguar las cosas y esa era indagando. - De lo rápido que corrían casi no los vi- Se cruzó de brazos, observando con sosiego a los ojos de esa extraña. -Fue una suerte que alcance a desviar la bicicleta- Segundos después, ambas manos se escondían en los bolsillos de su pantalón, y la bicicleta yacía sutilmente en el suelo - Pero seguramente lo viste ¿Cierto? - Iker esbozaba una sonrisa, de la forma mas afable que podía en el momento. - Al impactar con la banqueta, habría asesinado mi bello rostro de no ser porque controlé el equilibrio de la llanta delantera...- Una excusa débil, lo sabía. Tenía el proposito de elaborarla conforme obtuviera una reacción. Se encogió de hombros, el rostro iluminado por un semblante alegre. - Por cierto, soy Iker- Llevó una mano al punto medio entre la chica y él, dispuesto a estrechar su mano. -¿Y tu nombre es...? -
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Re: Trouble been doggin' my soul, since the day i was born [Lorna Dane]

Mensaje por Lorna S. Dane el Sáb Jul 19, 2014 1:42 am

Las mejillas de Lorna se tornaron de color rosado. No había pasado ni un minuto y el chico ya la había calado. No le gustaba pensar que era una rata de biblioteca, pero sí le gustaba cultivarse, aunque los números siempre habían sido algo que la entusiasmaba mucho más que las letras. Lorna llevaba planeando su vida desde hacía mucho tiempo, no era alguien dado a las sorpresas y presumía de realizar todas sus tareas con una perfección exquisita, así que eso no la convertía en una persona muy sociable con los desconocidos — ¿Es que acaso eso importa? Solo era un simple dato curioso que apuesto que desconocías — "Sí, genial, Lorna. Sigue comportándote como una mari sabidilla", le dijo una vocedita en su cabeza. Sin duda, debería haber contestado de otra manera. No conocía a ese chico, no sabía sus intenciones y podría ser un delincuente y ella pretendía ir dándole lecciones.

Se cruzó de brazos escuchando sus argumentos. — No tienes que darme explicaciones — No pudo evitar dibujar una sonrisa de medio lado. No necesitaba que el chico le explicara los motivos de sus acciones, cada uno debería asumir sus actos y, quizá lo más importante, ella no era nadie como para que él tuviera que excusarse.

Observó con curiosidad y junto a él cómo los cachorritos apuraban hasta la última gota de la leche. Lorna sonrió, presa de la ternura que le inspiraban aquellos animales. Uno de ellos intentaba derribar a otro más grande que él, sin éxito, pero no por ello el cachirro cesaba en su empeño. Lorna enarcó una ceja y levantó el rostro levemente. Si pensaba que había esquivado el asunto de lo que había presenciado hacía unos minutos, estaba muy equivocada. Le escuchó intentando parecer que todo lo que le estaba diciendo carecía de interés para ella, a pesar de que no era cierto. Esperaba no tener que responder, pero ese "¿cierto?" con el que el chico había terminado su relato no la dejó más remedio que aclarar que, por lo menos, había escuchado lo que la había estado diciendo — — Escueto, pero preciso. Lorna sabía que no podía decirle que había visto más, que se sentía aterrorizada por él y por el hecho de que ella no era la única que podía hacer cosas que para el resto de humanos era inexplicable. Claro que deseaba decírselo, compartir con él su secreto, poder hablar con alguien de todas sus preocupaciones, pero Lorna no veía a aquel chico como la clase de persona con la que podría desahogarse. Le veía como alguien que utilizaba su poder sin importarle nada y ella había crecido ocultándose, fingiendo ser alguien que no era y dudaba que él pudiera comprenderla.

Lorna observó el rostro del muchacho, quien le había revelado su nombre, y después, dirigió su mirada hacia la mano extendida hacía ella — Soy Lorna — Suponía que, con aquel gesto, él esperaba que ella le estrechara la mano, así que, lentamente, extendió su mano y la aferró a la de él. Lorna siempre había escuchado a su padre hablar de la importancia de un buen apretó de manos, pero suponía que ella carecía de la determinación necesaria debido a esos nervios que no terminaban de abandonarla.
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Re: Trouble been doggin' my soul, since the day i was born [Lorna Dane]

Mensaje por Iker S. Wahlström el Dom Jul 20, 2014 4:34 am

La leve y genuina risa del chico inundo el ambiente. Sus cejas estaban exaltadas, y él, tan solo observaba a la chica con asombro. No podía creer que le respondiera en tales formas, menos cuando ambos eran nada mas y nada menos que, desconocidos. - Eres increíble ¿Lo sabes? Exclamó animado. - Podría ser un asesino serial, y tu solo me fastidias con esas correcciones - A pesar de que intentó sonar fastidiado, el comentario brotó cargado de simpatía. - Y para aclararlo, si lo sabía - Iker estaba lejos de admitirse ignorante, por fortuna en esa ocasión, si era conocedor del tema. - Si no me tendrías aquí, con la tiroides jodida de tanto beber esa leche - Señalo agraciadamente la bebida con la cual los cachorros estaban arrasando. - Ademas, no era toda....- Se interrumpió, analizo a la chica, y a la media sonrisa que decoraba su joven rostro. Muy satisfecha se debía de sentir consigo misma...teniendo a un desconocido enfrente suyo, justificando sus actos Él sonrío socarron. ¿Sabes que? Tienes razón - Imitó la sonrisa ajena. - No necesito dar ninguna explicación - Por un par de segundos, reflexiono. Ella estaba en lo correcto. Y eso representaba un problema. ¿Acaso se estaba acostumbrando a excusar sus acciones? En el Instituto reconocía sus errores pero, no sin antes aducir sus defensas o motivos. ¿Estaba mal? Por supuesto, pero tampoco del todo. Sería un idiota si no se defendiera, por otra parte, odiaba quedar como un joven canalla que rehuía a sus acciones. Tal vez, ultimamente lo he estado haciendo... Al mas pensarlo, decidio posponer el tema a la ducha. Ya en ella sobrepensaria sus errores.

Por el momento, casi olvido los motivos por los que se había acercado a ella, al recordarlos, abordo el tema y no lo dejo.  Al escuchar el -si- ajeno, asintió calmado. Si habia observado como desvio la bicicleta, entonces por consecuencia habia visto el campo de fuerza. No se había equivocado. ¡Maldición! Se tendría que encargar. Otro problema surgía con ello. La reservas de la chica. Por esa razón se había sorprendido con las palabras anteriores de la castaña, pero ahora de nuevo callaba. ¿Que tanto lío estaría pasando por su mente? ¿Planeaba acusarlo? Él se podría encargar de cualquier persona pero, eso atraería mas problemas con Xavier, por supuesto... si se enteraba. En aquellos instantes como apreciaba la telepatía, con ese don, solamente entraría a la mente de la chica, eliminaba lo que no quería y lo cambiaba por cualquier cosa...pero como no era telepata, se las iba a arreglar con sus dones, mutantes y no mutantes. Contento, estrecho su mano. - ¿Lorna? Fruncio los labios, en un ademán tanto extrañado como apreciativo. - No había escuchado ese nombre antes - Sus manos, de nuevo reposaban en los bolsillos de las bermudas. - Supongo que tus padres no querían que fueras ordinaria - Comento risueño aunque, se podía  equivocar no sería la primera vez. - Y dime Lorna, ya que viste lo que paso, también viste lo de la banqueta...- Su mirada aunque tranquila estaba fijada en la ajena - ¿Que piensas de mi maniobra? - Su sonrisa se torno ladina. Aguardaba expectante una respuesta, una simple reacción, sin embargo en el exterior solo mostraba un semblante juguetón por la pregunta; ella había decidido dificultarle las cosas, asi que entonces, él tendría que ser mas directo y descarado para obtener mas información, por nula que fuera.
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