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Mensaje por Remy E. LeBeau Mar Jul 08, 2014 12:42 pm

Era una noche muy húmeda de verano. El calor se hacía agobiante en ese clima, que para delirio de todo ser humano racional, se debería considerar templado. Pero la maldita humedad, la maldita humedad lo cambiaba todo. Mientras tanto, una silueta negra, enfundada en una desgastada gabardina, saltaba de tejado en tejado. Tenía la forma de un cuerpo humano, pero a falta de luz se manifestaba como una simple sombra. Ágil y diestra, saltaba de techo en techo, recorriéndolos a toda velocidad. Pasaba de un tejado a otro tan fácil como un futbolista dispara al arco o un músico toca: do, re, mi. Era Remy LeBeau y había nacido para ello. 
Se encontraba en la parte de Manhattan y desde el bolsillo de su abrigo -del cual nunca se desprendía hiciera la temperatura que hiciera- asomaba el cuello de una botella, que increíblemente no se salía con tanto salto y pirueta. 

Acabó por llegar hasta un edificio y al llegar a la cornisa del mismo aminoró la marcha y el ritmo, hasta quedar parado con los pies paralelos y la vista hacia abajo. Tenía una avenida enfrente suyo y no le apetecía bajar de la estructura para volver a trepar, además no tenía tiempo. Había olvidado aquello, estaba apurado. Soltó un resoplido lamentando en aquel momento haber dejado su bo en casa ¿Por qué siempre que lo necesitaba no lo tenía? Al final, lo tenía de adorno o como carga sin utilidad. —Qué fastidio, habrá que arreglárselas...— susurró el oriundo de Nueva Orleans. Mientras tanto comenzó a caminar hacia atrás lentamente y desvió su mirada, buscando algún objeto por todos lados, como si realmente pudiera haber perdido algo en aquel lugar. Al no encontrar nada que le fuera de utilidad se acercó hasta unas cañerías que se hundían en el concreto del techo rumbo a cada apartamento del edificio para proveerles así de agua, gas o eran simplemente tuberías de ventilación. El caso es que el metal estaba viejo y oxidado por lo que un golpe preciso en el lugar indicado bastaría para partir el caño y poder utilizar un trozo. 

Y exactamente eso fue lo que hizo, midió la longitud y de una recta y seca patada digna de la película de artes marciales jamás filmada, partió un pedo de metal del tamaño de un bastón promedio. Mientras sonreía satisfecho con su resultado, sopesaba el artilugio entre sus manos y sentía el frío metal contra la yema de sus dedos. Volvió a caminar hacia atrás, dando unos tres pasos, largos. Mientras fijaba la vista en su objetivo: el lejano tejado del edificio de enfrente, al otro lado de la ancha avenida. Mientras tanto, a través de sus manos, aceleró las moléculas del trozo de metal, cargándolo de energía cinética. Más no de un modo para que explote nada más hacer contacto con el suelo. Girando el bastón en una mano emprendió repentinamente una carrera a toda velocidad hacia el borde de la azotea. En plena carrera como si se tratara de una bailarina en la destreza de bastones movió el trozo metálico sobre su propio eje y con la mano que lo sostenía a un lado y otro de su cuerpo. Finalmente al llegar al borde de la cornisa golpeó violentamente pero con firmeza el tubo partido contra el suelo. Y entonces se elevó e impulso en el aire a gran altura.

Había cargado dicho metal con la energía necesaria para que esta al impactar saliera disparada, cual proyectil y al estar sujeto del mismo firmemente, Remy salió disparada junto a ella. Más sus piernas y el entrenamiento para estas acrobacias hicieron el trabajo de darle dirección a su super salto. En medio del aire comenzó a hacer una cabriola para ganar impulso y mantener un poco la altura. Airoso aterrizó, dando varios traspiés para frenar el impulso y la inercia de la gravedad, en el tejado del otro edifico. Extendió la zurda hacia el bolsillo de su gabardina donde se encontraba la botella y no la encontró. Palpó nervioso, sin entender que había sucedido y volteó a ver, para encontrar la botella de vino girando en el aire, como si viniera con retraso hacia él. De rápidos reflejos, la atrapó y sonrió ladino. Estaba intacta. Miró hacia un cartel luminoso en diagonal a él, ocupado por una publicidad gigante con destino a los conductores que surcaban la extensa avenida y que incluía un reloj: 8:07 PM. Bien, aun estaba tiempo y casi llegaba, ella no arribaba a casa hasta las 8:15 PM, usualmente. Volvió a recorrer a toda velocidad aquella azotea y saltó a un tejado contiguo más bajo. Lo atravesó saltando de desnivel en desnivel y de un gran salto aterrizó en el balcón de la casa de enfrente. Una sonrisa ladina se dibujó en el rostro de LeBeau. 

Con la botella aun en una mano, estiró la otra hasta el bolsillo derecho de su gabardina, rebuscando en ella hasta dar con lo que buscaba: una ganzúa. La retiró y se acuclilló a la altura de la traba del ventanal. Era una simple puerta corrediza de balcón, no diseñada para la seguridad y evitar la intromisión de ladrones. ¿Quién se metería por el balcón a una casa? Bueno, Remy LeBeau era uno de ellos. Con su mano pasó la ganzúa horizontalmente de modo plano entre la ranura de las dos hojas de dicha puerta y jugó con ella hasta dar con la traba de los portones, moviéndola lentamente hasta subir y destrabar las puertas. Al sentir el conocido sonido de una puerta cediendo, Etienne sonrió triunfal y guardó su herramienta de trabajo. Con la misma mano -ya libre- deslizó la puerta, apoyándola en el cristal sin importarle dejar impresas sus huellas digitales y finalmente entró en el living de un apartamento bien amoblado que denotaba tenía dedicación y estaba ordenado. —Qui dedicación Armstrong, debo admitirlo...— masculló para si solo el ladrón, a sabiendas que se encontraba solo. O eso creía hasta que un maullido se oyó a sus espaldas, haciendo que voltease por instinto, con los sentidos alertas. Para encontrarse un pequeño felino posado en el balcón frente a la puerta abierta mirando al sujeto. Remy volvió a sonreír y se acercó al pequeño gato atigrado color blanco y gris. Lo cargó con una mano mientras entraba y dejaba sobre una mesa la botella de vino. Recorrió la estancia hasta la puerta de entrada -la que estaba fabricada para eso- y a su lado tanteó hasta dar con la llave de luz y encenderla. De inmediato la habitación se iluminó y descubrió que la cocina apenas estaba separada del living por una mesada en forma de "L" y que no lo estaba por las clásicas paredes. Mucho más útil y mejor comunicada. —Ven conmigo, mon ami, vamos a buscarte un poco de leche para mininos...— comentó divertido el pseudo francés caminando hasta el lavado y tomando un plato, mientras que con la zurda descargaba al gato sobre la mesada, que rápido se bajaba del sujeto y olisqueaba todo a su alrededor. En tanto, 'Le diable blanc' abrió el refrigerador tomando un cartón de leche el cual vertió con cuidado sobre el plato y lo tendiendo al lado del gato, que comenzó a beber con ganas. 

Sonriendo con satisfacción, reaccionó, no tenía tiempo que perder. Guardó la leche en el refrigerador y recorrió con la mirada la cocina hasta dar con la alacena donde guardaba la vajilla. Rápido buscó dos copas y un saca corchos en el cajón de cubiertos. Dispuso las dos copas juntas al lado de la botella que había traído y con el sacacorchos se atareó en destapar el vino. Lo dejo abierto para que se airee en lo que sentía pasos en la escalera fuera del apartamento. Con el corcho en la mano corrió hasta un sofá individual en el living y se sentó en el adoptando una posición cómoda y colocando su pierna derecha por encima de la rodilla izquierda, formando un "4" entre las dos. Mientras que de un movimiento relampagueante y de buenas a primeras sin que pareciera haber sido apuntado, lanzó el corcho hasta la llave de luz para apagarla justo cuando se oía el tintinear de unas llaves girar sobre la puerta de la casa. Ahora solo debía esperar, pero la ansiedad y la emoción le embriagaban y delataban reflejando una incontenible sonrisa de lado, traviesa y pícara.
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Mensaje por Invitado Mar Jul 08, 2014 3:18 pm

Odiaba servir de cara bonita para algunas de las misiones de la organización. No siempre se enfrascaban en buscar sólo a mutantes y ésta vez, había sido una de esas muy resumidas. Iba sentada en el asiento trasero de uno de los autos de la compañía que se destinaba a dejarla justo en la puerta de su casa. El aire acondicionado integrado al auto mantenía lejos la humedad que el verano desprendía por las calles de Nueva York, que de por sí ya eran un infierno con los ríos de tráfico hasta altas horas de la noche causando más que una migraña en la cabeza de la morena. Se llevó una mano a su pecho, escalando un poco y tomando su propio cuello, de forma delicada, sintiendo aún los músculos tensados del área y... mirándose a través de su espejo para ver el par de marcas que quedaban sobre ellos.
—Ya llegaremos pronto— dijo el chofer, preocupado, mirándole por el espejo retrovisor.
Está bien le hizo saber, con una sonrisa.
—¿Se encuentra bien, señorita Armstrong?— preguntó, aún con la preocupación en su rostro.
Sí, no te preocupes. Avísame si llega algo de la agencia.
—Con gusto— finalizó.

El ruido de las sirenas y de las bocinas volvieron a inundiar el paraíso del tráfico de los alrededores de Manhattan. Sus dedos acariciaron la piel enrojecida, aún con el mórbido recuerdo de aquél hombre intentando hacer efecto de la fuerza bruta. Se trataba de un mutante. Su habilidad se basaba en la de aumentar su propia fuerza en base al miedo que sentían sus víctimas. Pudo haber estado tranquila, gozando con tranquilidad la velada que le ofrecía el rubio de ojos rayados, pero una vez ésta reveló su identidad y con una tranquila posición de no hacerle daño, él alzó la mano para golpear la mesa y apartarla a su costado. Hubo miedo a su alrededor, y el restaurante sencillamente quedó desolado en menos de lo que la agente Armstrong se dio cuenta. Ella intentó sacar el alma que iba metido dentro de su bolsa de mano pero no hubo tiempo para eso, pues ya le había lanzado con una fuerza impresionante hacia una de las paredes, soltando más maldiciones que cualquier película hecha en el Bronx y con una facilidad para maniobrar su cuerpo. Ella intentó defenderse inmediatamente, pero se vio un poco imposibilitada bajo la idea de su vestido ajustado y de sus altos tacones. Se suponía que ya para entonces, el cuerpo de S.H.I.E.L.D. entraría y ya ella no tenía por qué preocuparse de más nada en lo absoluto. Le golpeó el estómago y casi le golpea la quijada, de no ser que ella travesó la trayectoria del golpe, intentando alejarlo. Ya no había miedo qué absorver, sólo el de ella. Le tomó desde el cuello y la levantó del suelo, arrastrando su espalda por la pared. De no haber sido de que sólo estaban ellos dos... probablemente fuese acumulado suficiente miedo como para aplastarle el cuello con los dedos índice y pulgar. Por suerte un cuerpo especial entró y lo dejaron al piso bajo el efecto que presidían las descargas eléctricas.

Le dolería un poco más por la mañana, a penas podía mover el cuello y el centro de su abdomen debía estar golpeado, lo único que quería hacer era llegar a uno de sus tantos departamentos -pagados por la agencia y el gobierno federal-. Pasó una mano por su cara, había pasado un poco más de las ocho, estaba bastante cansada, exhausta tanto física como mentalmente. Miró por la ventana al ver que el auto al fin se movilizaba por la calle a más que unos simples centímetros. Las luces de la gran avenida comenzaron a desaparecer dejando la simple soledad de las calles adyacentes al frente de su edificio.
—Hemos llegado, señorita. La recogeré mañana después de las 9 de la mañana. — dijo él, tranquilo.
Muchas gracias Jeff, nos veremos mañana le dijo en un tono de alivio.

Atravesó la puerta giratoria de la recepción de su edificio donde uno de los gurdias de seguridad descansaba, con una revisa encima de su enorme barriga y la saliva saliendo desde un costado de su boca abierta. La mujer decidió hacer un par de chasquitos con sus llaves encima de la mesa de para que él se despertara de golpe mientras ella esperaba el ascensor que la llevase hasta los pisos superiores. No le dirigió siquiera la palabra, a penas y un movimiento con los dedos antes de girarse hacia el gran espejo que tenía a sus espaldas, a la pared trasera del ascensor. Habían marcas por todo su pecho y su cuello. Su cabello, pese a todo el ajetreo aún caía en una sorprendente cascada de ondas clásicas, a lo más estilo de los casi a la altura de sus codos el cual movió tranquilamente para tapar lo que su vestido no cubría por el frente e intentar ocultar un poco mientras llegaba a su habitación. Habían muchos chismosos en su edificio y al frente.

Chasqueó un poco las llaves para abrir la cerradura y al pasar, encendió las luces del departamento, aún haciendo resonar sus tacones por encima del piso y con unas ganas inmensas de quitárselo. Tiró las llaves encima de la mesa del comedor. No era un apartamento realmente grande, pero si algo lo bastante lujoso como para que lo pagase para quienes trabajaban. O eso hasta que escuchó el grito horrorizado de una mujer en el edificio de al frente. Vio a un hombre con una Gabardina siendo golpeado con ella, en compañía de un gato, quevíctima del pánico lo vio salir por el balcón y saltando hacia el balcón vecino. Probablemente se trataba de un acosador y prefirió simplemente, cerrar las cortinas y dejar que el aire acondicionado del lugar empezara a eliminar toda la humedad que se acumulaba en el cuarto.

Removió su calzado y se sentó encima de su espejo, lanzando su cabello hacia atrás y removiendo toda la joyería que cargaba encima, justo antes de escuchar un ruido, salido desde afuera, desde su balcón. No tenía ganas de enfrentarse a nada ni a nadie. Era sospechoso, así que tomó su arma desde el pequeño bolso que traía y bajó levemente las luces, y para cuando el balcón se encendió, ya no estaba sólamente ell en su balcón, sino que... había alguien más.
Da un paso más y tendrás una de éstas en la frente
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Mensaje por Remy E. LeBeau Miér Jul 09, 2014 9:21 am

La cerradura cedió ante el girar de la llave metálica correcta, haciendo que el sistema y los engranajes giraran, dando paso así a la mujer dueña de casa. La cual apenas y encendió la luz dio un grito de espanto al ver a Remy sentado en su sofá. Pero pese a ello no era Dianna, haciendo que la cara de auténtica sorpresa también se reflejara en el muchacho.

En los sentimientos lógicos que pudieran despertar en alguien el que invadieran su departamento, la mujer se lanzó contra le diable blanc. Pretendiendo reducirlo, pero incapaz de ello. El joven ladrón se paró en el acto y tomó por los antebrazos a la mujer, forcejeando con dificultad con ella. Vio al joven gato de un salto atravesar la estancia e huir por la puerta aun abierta del balcón, despavorido. Él comenzaba a ceder en el forcejeo, por sus distracciones, haciendo que la mujer le empujase con ella aun encima a la mesa. El envión hizo que cayera sobre la misma y empujara el vino y las copas al suelo, haciendo que se rompieran y el líquido manchara el parqué del apartamento. —Sacred blu! Ese era un buen vino— se quejó Etienne, mientras de una técnica conocida, reducía a la fémina y la empujaba, apartándola de él. Haciendo que trastabillase y cayese de espaldas sobre un sofá ilesa pero aturdida. 

Sin perder tiempo se incorporó y volteó a ver una última vez el vino desperdiciado. Para su sorpresa lo único hecho añicos eran las copas. Porque la botella había caído en un fino cojín que servía de adorno y amortiguador para las sillas de maderas. El mismo debía haber caído entre el forcejeo y los empujones, para su suerte, salvando la vida de la botella, que pese a haber estado descorchada, solo había vertido fuera un octavo de su contenido, apenas media copa. La tomó por el cuello y se encaminó hacia el balcón, mientras notaba como la mujer se recomponía y disponía en ir de vuelta a la carga. De un chistido la paró en seco, desorientándola momentáneamente. ¿Quién acostumbraba a que un supuesto invasor a tu casa te fuera a hablar? —Quieta ahí, ya me marcho, lamentablemente esto ha sido un mal entegdigdo, merci por su compegnsion— farfulló el ojicarmesí y salió a toda velocidad corriendo hacia el balcón y escapando por la puerta aún abierta. No salió del apartamento, un paso antes dio una gran zancada y saltó hacia la barandilla del mismo. Con su otra pierna amortiguo el salto flexionando la rodilla que luego con energía extendió para hacer un segundo salto inmediato desde la nueva altura ganada, hacia arriba. En el aire, giró sobre si mismo y extendió la mano libre hasta la cornisa de la edificación. Luego se las ingenió, no con poco esfuerzo, para trepar hasta llegar al techo. Suspiró algo agitado una vez erguido sobre él y sonrió socarrón. —Y sin deggamag ni una gota de vino...— proclamó satisfecho mientras un conocido maullido volvía a sonar a su lado, indicando que el minino había huido hacia donde él. Aspiró el bello aire que tanto le hacía falta y entonces su mirada se fijó en una silueta morena corriendo las cortinas de su apartamento. La figura se vio de corrido, pero era obvio que era ella.

Lo que se preguntaba es cómo demonios se había confundido de lugar. Si bien no había fallado por mucho, era el edificio de enfrente, no entendía por qué si la había visto entrar a aquella misma casa. Pero ya tendría tiempo de averiguarlo, mientras tanto debía ponerse en marcha. Caminó hacia atrás, la altura del edificio no era tanta y la calle no era tan ancha, pero no llegaría hasta la altura del apartamento de Armstrong. Por lo tanto, iba a esperar a que pasase un vehículo de gran altura, como el bus que había doblado en la esquina en ese instante, para saltar sobre él y de allí hasta el balcón de su casa. Se balanceó de atrás y adelante, esperando que el colectivo llegara hasta el lugar indicado para que cuando el saltase, estuviera frente a él. 

En cuanto lo estuvo, salió a la carrera y saltó sin dudar desde el techo, al aparente vacío de la calle, para que sea poco a poco cubierto por el enorme vehículo. Resbaló en el techo del mismo pero logró mantener el equilibrio tambaleándose, sin tiempo que desperdiciar, volvió a dar una carrera de una zancada y saltó con todas sus fuerzas hacia adelante, extendiendo una mano para aferrarse a la saliente del balcón. Con un esfuerzo final, comenzó a balancearse de lado, izquierda a derecha, ganado carrera. Continuó así por dos andadas más hasta que sintió como no podría mantener el equilibrio mucho tiempo mas, aferrado a aquella saliente, si se balanceaba. 

Cerró los ojos y se impulsó con todas sus fuerzas hacia un lado, soltándose de su agarre. Mientras que con una mano intentaba mantener la botella siempre hacia arriba, el resto de su cuerpo y sus músculos se tensaban haciendo una pirueta para aterrizar parado sobre el balcón, habiendo dado una vuelta de lado en el aire. Desgraciadamente había hecho mucho ruido al aterrizar, cayendo sobre una maceta vacía y volteada, partiendo el barro de terracota y haciendo un escándalo. Para su sorpresa, el gato había bajado a la calle y estaba volviendo a trepar al otro lado, siguiendo los pasos de LeBeau, mientras la voz femenina de la agente de S.H.I.E.L.D. se oía al otro lado del balcón con una voz firme y amenazante. —Woow, woow, cuidado con eso, mon chèri...— advirtió el ladrón, en lo que el gato terminaba de trepar y llegar hasta la barandilla del ahora si correcto balcón. En eso, LeBeau fijó sus ojos en los de Dianna, mientras sonreía de lado, socarrón. —¿No vas a saludar? Cgomo sea, ¿qgue talg tu día? Por lo que veo, no muy bien...— pronunció el castaño mientras extendía la mano que sostenía el vino y extendía el índice señalando las marcas en su cuello e incipientes en su pecho.
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Mensaje por Invitado Miér Jul 09, 2014 2:50 pm

La sensación de adrenalina corriéndole por la sangre, era una de las sensaciones más placenteras que ella pudiese tener. La simple idea de alzar su arma ante un posible enemigo, tomándole por sorpresa probablemente era de lo que más aprovechaba y de lo que más disfrutaba de uno de sus dos empleos. En la NASA no podía estar todo el tiempo con un arma, disparando a diestra y siniestra como si fuese un campo de entrenamiento; allí sólo había pura y neta tecnología, junto con un montón de papeles e investigaciones de gran importancia. Con SHIELD, el poder técnicamente estaba en sus manos.

Hubo un silencio arrollador que la llenó por completo. El clic del seguro de su arma se escuchó justamente cuando la figura oscura, una sombra con gabardina y unos ojos carmesí que se iluminaron entre la oscuridad aparecieron atravesando el umbral que le dejaba su balcón. El indescriptible acento y bajo acento francés del LeBeau había aparecido justamente en frente de ella, como si la noche no pudiese ir mejor. ''No es de mis mejores noches, eso está más que seguro'' resopló la voz dentro de su cabeza. No bajó el arma en ningún momento, y mucho menos luego de recordar que el cartucho estaba completamente vacío, él no lo sabía y no iba a permitirse decirlo o insinuarlo hasta que tuviese que hacerlo. Rodeó los ojos cuando empezó a soltar el montón de charlatería que siempre solía decir. Si lograse tener munición, lo más probable es que ya tuviera una de sus balas clavadas en una de sus rodillas. Le importaba un comino si el ruido llegaba hasta la planta baja, después de todo, él era un mutante y ella una agente de SHIELD. ¿Qué demonios estás haciendo aquí? replicó inmediatamente, mirando la botella descorchada y un poco gastada, aún entre la oscuridad ¿Tan temprano y buscando ya entrar en un coma etílico, LeBeau?.

Manteniendo su posición, y su arma en alto, fijó su mirada en lo que llevaba al rededor. Si de verdad el pillo de Nueva Orleans quisiera hacerle algo, lo más posible es que ya su departamento estuviese en llamas. Ella no tenía muchas cartas que jugar cuando tenía al maestro de ellas parado justo en frente. La verdad, va muy mal, y tu sólo empeoras la habitación. No quiero manchar la alfombra con tu sangre y no ando de ánimos como para dispararte. Sería mejor para ambos sí... al fin de cuentas terminas por irte por dónde viniste y bajó por fin el arma, sosteniéndola en su mano.

Con Remy LeBeau nunca se podía estar cien por ciento segura de lo que haría o diría. Tenía una lengua muy afilada y con un veneno corrosivo que te despistaba y terminaba por dejarte en el piso sin siquiera darse cuenta cuando ya fuese demasiado tarde. Miró entre sus manos, reflejados sólo por una pequeña cantidad de luz artificial que salía desde la bombilla de la habitación en busca de su pequeño brazalete lleno de estúpidos cachivaches, pero no... nada estaba. Pasó una mano por su cabello, empujándolo nuevamente hacia adelante para tapar las marcas de su última misión Es mejor que te vayas, ya mañana si quieres podemos volver a jugarnos al policía y ladrón tragó con fuerza, encendiendo el resto de las luces con a penas y un interruptor, topándose ya finalmente con su silueta clara y vagabunda. Llevaba suciedad en la parte baja de su gabardina y sus manos no parecían haber estado en los lugares más adecuados. El gato que se posó justo a la orilla del pasamanos del balcón no presentó gran demanda para la morena que... con un poco de suerte y lo había visto. Llevaba los ojos encima de él, y no se los quitaría hasta que desapareciera.
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Mensaje por Remy E. LeBeau Miér Jul 09, 2014 9:13 pm

Aún zumbido en la casi completa oscuridad, pudo entrever como la expresión de la castaña cambiaba drásticamente al reconocerlo. Su sonrisa se ensanchó imaginando como sería su propia silueta en lo oscuro, consciente de que lo primero en resaltar como dos zafiros serían sus ojos, probablemente. Lentamente caminó para acercarse a ella, sin levantar las manos ni nada que sugiriera que estaba bajo el dominio de la amenaza de fuego de Armstrong. De hecho le resultaba gracioso que aun permaneciera alerta y dispuesta  dispararle. —Es una pregunta excelente, pero a decir verdad, quería algo muy simple... festejar— masculló algo irónico el castaño mientras sonreía y dejaba que la curiosidad y el desconcierto hicieran mella en la doble agente de la NASA y S.H.I.E.L.D. —¿Por qué tanta hostilidad junta? Además, planeaba compartirlo contigo y pese a que sé que lo rechazarás por el simple hecho que provenga de mí...— se adelantó el mutante cansino. —Como consejo aparte y externo, no te recomiendo rechazar la copa que te ofrezca, tal vez yo no te agrade pero el vino si lo hará...— expresó con simple soltura mientras disfrutaba de una suave brisa que sopló de repente. 

La humana volvió a hablar, haciendo que quien rodase los ojos ahora fuera este. Le cansaba siempre el mismo cuento aunque debía admitir que en efecto su sangre sobre su alfombra se vería mal y no contribuiría a mejorar su día, cosa que no planeaba en absoluto. —En ese caso, baja el arma ya que, como te estarás dando cuenta, no te he dado motivos para que me mates... no esta noche...— se apresuró a esclarecer el joven LeBeau, mientras observaba como ella, mientras sus palabras salían, bajaba lentamente el arma de fuego. —Y, aún sabiendo que te quejarás, no pienso marcharme... acaba de apalearme una vieja del apartamento de enfrente. Eres astuta Dianna, ¿me viste el día que te seguí para averiguar tu hogar y decidiste inducirme una idea falsa?— inquirió divertido Gambito, mientras se relamía tan rápido como un relámpago. En ese entonces, un nuevo maullido se oyó en el balcón, originario en el gato, que esta vez se quejaba impaciente. Entonces, Etienne estiró su mano libre para rascar detrás de las orejas al gato que gustoso aceptó los mimos y se echó panza arriba en el barandal, pidiendo más y jugando con sus cuatro patitas sobre los dedos de Remy. Sabía que él solo se había buscado generar aquella reputación y temor de los demás a lo que él pudiera decir o hacer, ya que inmediatamente comenzarían a especular y adivinar cuales eran sus verdaderas intenciones. Pero aun así, no dejaba de molestarle que Armstrong no se diera cuenta que realmente no tenía nada pensado para ella... aquel día. —Sé que ese juego tal vez te divierta, pero no estoy aquí para eso... Y luego de ver esas marcas, creo que tienes una historia que relatarme...— comentó le diable blanc mientras pasaba por al lado de la agente de S.H.I.E.L.D. con suma normalidad y naturalidad, paran o despertar sus reflejos de combate. Entró en la casa sin permiso y apoyó la botella de vino ya respirado sobre la mesa ratona del living,rodeada por sofás mullidos y de cuero blanco que se hacían notar o por lo nuevo o por lo cuidados que estaban. 
Sin detenerse un momento y a sabiendas que la morena había entrado detrás de él hecha una furcia caminó hasta la cocina buscando el refrigerador. —¿Tienes leche? Ese gato necesita comer...— comentó como si nada, mientras el minino saltaba a un sofá de cuero y se hacía un ovillo en él, con suma tranquilidad. 

Poco después volvió sin encontrar la leche en la nevera pero cargando dos copas de cristal. Se encontró a la mujer postrada en la sala de su casa, con los brazos cruzados y una expresión de irritación sumamente elevada. —¿Por qué ese gesto Armstrong? No es como si te haya hecho algo...— resopló cansino Etienne, mientras dejaba ambas copas al lado del vino y tomaba la botella del mismo, sirviendo una cantidad acertada en ambos cristales, dispuesto a beber con ella. Se dejó caer en uno de los sofás de doble plaza y cruzó las piernas una sobre otra, apoyándolas sobre la misma mesa ratona. En lo que con sus manos comenzaba a barajar un mazo de naipes, que previamente había tomado de su bolsillo.
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Mensaje por Invitado Jue Jul 10, 2014 11:12 am

Algo debía tener el genio de Nueva Orleans para que la agente Armstrong no le fuese dejado una de sus piernas malograda... o peor, una de sus balas en su frente. Quizás, muy en el fondo la morena tuviese un pertinente sentido de competitividad con el mutante, pues no exactamente todos los días se encontraba un mutante que fuese realmente un desafío y un deporte extremo realizar su captura. Al parecer SHIELD tenía un plan para él en el que se necesitaba vivo; probablemente porque lo quisieran para investigar su extraño gen mutante o simplemente para realizar un interrogatorio, o simplemente violando sus derechos humanos al simplemente someterlo a una tortura por algún motivo. Tiró la pisola encima de su cama, escuchando lo que le decía pero sin contestar una sola palabra. El arma se había quedado encima de las sábanas luego de dar un par de rebotes con la sencilla pregunta de si Remy correría a tomarla e intentar dispararle, y en un muy hábil movimiento por hacerse con la guardia baja o al menos pretendiendo hacerlo. Como si necesitara algún motivo para matarte. No lo hago hoy porque ya tuve suficiente acción por la semana. La próxima mejor rento una película para verla en la tv confinó como una respuesta ante su basto comentario.

Negó con la cabeza ante la respuesta a su interrogante No sé de qué me hablas ella no era lo suficientemente estúpida como para quedarse en un mismo lugar y era precisamente por eso que a penas y saludó al portero de la entrada. Los fines de su cambio habían sido exactamente por él y luego de esa noche, posiblemente la morena terminaría despidiéndose de la recidencia en la que se encontraba, permaneciendo en el anonimato gracias a la organización.

Las marcas en su cuello eran algo que estaba intentando evitar desde mucho antes de que entrara al edificio. Tragó con fuerza en un flashback fugaz de lo que había sido su muy violento encuentro con el mutante del restaurante. Después de eso posiblemente mandaría a morirse a todos los que habían apoyado en que ella iba a ser la mejor opción. No volvería a ponerse en semejante peligro a menos que fuese necesario. Esa noche por poco más pierde la vida y era una sensación que... a pesar que venía tomado de la mano de su trabajo, no era algo que le gustase tener como un sentimiento grato. Ella no era de los que ''Veía las cosas de cierta forma después de un encuentro con la muerte'' al contrario, perdía esperanza en todo... al menos durante la primera semana. Tragó con fuerza y se dio media vuelta para asistir a su segunda orden, muy sumisa y sacar una pequeña botella llena de leche fría del refrigerador Aquí hay comulgó sacando un pequeño recipiente, que le tiró directo hacia sus manos y al mismo tiempo para girarse en su posición, poco importándole si lo cogía o no -total, ella no limpiaba- y cerró el refrigerador. Cuando me regreses mi brazalete posiblemente pueda tratarte de otra forma. En el medio tiempo, sólo eres un sucio ladrón al que yo tengo la intención de atrapar. Pero no ésta noche. Así que... si no te importa, después de darle leche a tu... hijo, te puedes largar... Ah y puedes agarrar la botella y metértela por el... pero antes de terminar, la puerta sonó tres veces.

Ella caminó tranquila, de puntillas y con los talones doliéndole para abrir levemente la puerta, donde apareció una de las mucamas.
—Señorita... ¿Va a querer que le suban su cena? ¿Lo de siempre?— dijo ella, con voz temblorosa.
Sí, por favor. contestó, con una voz alegre como si no fuese estado cabreada los últimos minutos.
—Enseguida— y se largó.

Cerró la puerta y volvió a girarse hacia él, esperando encontrarse con nada, más que el viento ondeando la blanca cortina del apartamento.
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Mensaje por Remy E. LeBeau Jue Jul 10, 2014 12:03 pm

Lo único que le llevaba a ese punto era una situación cuanto menos divertida para el mutante. Aquella agente de S.H.I.E.L.D. que en su momento había subestimados, resultaba ser un entretenimiento formidable. En algún aspecto y visto de una manera muy cínica, para Remy era un juguete. Algo a la izquierda de la realidad, tal afirmación era simplemente ganas de joder la vida. Él podía ser muchas cosas pero no iba a involucrarse con un miembro de la agencia más poderosa del mundo que poco más y se dedicaba a cazar mutantes indiscriminadamente, para conseguirse un puto juguete, al menos no si ese juguete era Dianna. —¿No lo necesitas? Entonces si es por ti, sin buscar razones ni haberlas, te apetece dispararme plomo a quemarropa...— razonó casi metódicamente el estafador mientras chasqueaba la lengua. —Madmoiselle, tienes un problema, ça va?— masculló Remy divertido y la miró buscando adelantársele. —Y no, no soy yo ese problema— concluyó riendo, mientras la veía hacerse la desentendida con el tema a su residencia. Aquello causó un resoplido de gracia al castaño. Sin embargo no insistió, sabía que ella jugaba con la capacidad de para quienes trabajaba y que la moverían de hogar. Pero le sorprendía que ella creyera que aquello evitaría a LeBeau volver a averiguar su hogar si quería. Era tan simple como robarle a un niño su caramelo. 

Por segunda vez al mencionar las marcas en su cuerpo, logró que esta demostrara alguna reacción al respecto y no hiciera como si nada. No es que hubiera contestado con palabras pero bajo la atenta mirada carmesí del ladrón pudo notar sus gestos. No necesitaba de ellos para inferir que no era una memoria y un altercado grato para la castaña pero de a poco le sonsacaría que demonios le había sucedido. Una cosa era que no le molestase si perecía en el trabajo, no le quitaría el sueño, pero eso no daba derecho a nadie de dañar su entretenimiento, si ibas a hacer algo, debías hacerlo completo, para bien o para mal. —Excelente...— masculló desconcertado por la docilidad y facilidad con que ella había atendido a su petición, en realidad no lo había esperado pero no se iba a quejar al respecto. Atrapó al vuelo el recipiente que le lanzó y caminó con él hasta la mesa donde había depositado la leche, destapó la botella de cristal y vertió el contenido en el nuevo bebedero del minino. Acabando por acomodarlo al lado de este, en el sofá, donde minutos antes se había hecho un ovillo. 

En tanto la agente del gobierno, comenzó a hablar sobre el brazalete robado, LeBeau comenzó a reír. Negando lentamente con la cabeza, creía superado ese tema, de hecho él lo había olvidado. —¿Qué tiene de importante ese brazalete? No conseguí ni cinco dólares por él...— masculló el castaño, buscando enfurecerla al admitir indirectamente que lo había vendido, pero en realidad era mentira. No tenía motivos para venderlo, porque justamente no conseguiría ni siquiera cinco dólares por este. —Por otra parte, no sé que problema tienes con los ladrones, te aseguro que si te relajaras un poco y me lo permitieras, te la pasarías bien con... al menos uno... Y por cierto, no somos sucios... de hecho nos bañamos seguido, evita que llamemos la atención— le instruyó el ojicarmesí mientras observaba sus movimientos. Ignorando el hecho de que una vez más le invitara a retirarse. Sin embargo, al oír el ruido en la puerta sus sentidos se alarmaron y se quedó muy quieto, esperando a reaccionar acorde la situación se diera. 

Al entender que se había tratado nada más que de la mucama, se relajó y acercó al sofá, tendiéndose en él, al lado del minino que olfateando el líquido se había despertado para beber con su lengua el lácteo. —Vamos a hacer un trato, si tu me cuentas que mierda te pasó en el cuello -por lo menos por ti misma, ayudándote- yo te concedo un deseo, que no implique matarme, mutilarme o desaparecerme... o inclusive puedes contárselo al gato y hacer como si yo no existiera...— propuso divertido el ladrón mientras rascaba al felino detrás de las orejas. 

Una vez dicho y hecho, se inclinó para tomar una de las copas de vino y le dio un sorbo disfrutando y sintiendo la bebida acariciar su paladar y su garganta. Saboreándolo con disfrute volvió a ver a la mujer. —¿En serio no planeas probarlo? Que estupidez...— se quejó ligeramente fastidiado mientras se ponía cómodo en el asiento y cruzaba sus pies ahora apoyados sobre la mesa del living. —¿Y qué es lo que vamogs a cenar?— inquirió de la nada le diable blanc, acordándose de que en breve le llevarían la cena, buscando divertirla por insistencia o al menos que rompiera su silencio.
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Mensaje por Invitado Sáb Jul 12, 2014 6:38 am

Una de las cosas que Dianna veía en Remy es su indescriptible habilidad de pasar todos los comentarios que a primera instancia iba como una indirecta para que se largara de la propiedad, y ya sabía que por mucho que lo intentara, él iba a estar ahí, haciendo una de las cosas que se le daba bien, y eso era molestar a la morena. No lo quería ahí, lo quería fuera, muerto o atrapado, pero ya se estaba haciendo a la idea de que ninguna de las anteriores resultarían esa noche, aparentemente. La mitad de las cosas que hablaba sonaban como un gran bla bla bla dentro de la cabeza de Dianna, pues poca atención era la que en realidad le prestaba. Muchas para ella eran preguntas que de responderlas, quedaría tan en ridículo como él, que hablaba con la desesperación de buscar su atención en sus palabras, cosa que aparentemente no estaba funcionando en lo absoluto.

A penas y reaccionó en el momento en el que balbuceó haber conseguido menos de cinco dólares por un brazalete que claramente había costado más de eso, pero que sin embargo era el poco valor monetario que ella le tenía, pues el objeto era más rico en sentimentalismo que en dólares. Casi dejó pasar el comentario por debajo de la mesa, le dedicó una mirada acusatoria ¿Tienes muchas ganas de descubrir los secretos que escondo no? Diría que fue un buen intento, pero no quiero mentirte su sarcasmo no fue acompañado por ninguna sonrisa ni ninguna gracia. Se sentó al frente de su espejo para remover los brazaletes que cargaba y retirar un poco el maquillaje que llevaba en los ojos. Tu presencia aquí simplemente no me inspira felicidad, y mucho menos, me inspira confianza. Si haz venido para llevarte algo, mejor que lo tomes de una vez y te largues. No te quiero aquí. Si quieres te busco una gráfica y te explico cómo funciona el mundo, LeBeau. Rodeó los ojos cuando volvió a preguntarle y se giró en su silla, apartando su cabello. Una anécdota a cambio de un deseo que Remy le pudiese cumplir ¿Ahora eres una especie de genio? ¿Dónde está tu lamparita para encerrarte? Le haría un gran favor a la humanidad haciéndolo dibujó una leve curvatura en una de las esquinas de sus labios, contoneando un poco con su mano los hematomas que resaltaban entre el color moreno de su piel. Iban marcadas desde la parte baja de su quijada hasta por encima de sus clavículas. No desvió su mirada, ni bajó su tono de voz. Iba un poco avergonzada, pero eso no se lo iba a reflejar a él, o al menos, no de forma directa. Digamos que me topé con alguien con superfuerza que se puso un poco más bruto de lo normal. Sin embargo aquí estoy. Así que te puedes imaginar qué habrá pasado con el otro. Y ya con eso, podrías empezar a buscar mi brazalete y entregármelo, puedes tomarte toda la semana que quieres, así puedo dormir lo suficiente. Pasó una mano por encima de su cabello y estiró un poco las puntas hasta su completo límite.

Negó nuevamente cuando preguntó si tomaría un poco de vino con él. Se levantó al momento en el que la puerta sonó. Ella abrió levemente la puerta y Dianna se aventuró a posarse en la entrada para que le entregara el plato, que aún humeaba por lo caliente, sin dejarla pasar. Gracias comentó agradecida y casi cerrándole la puerta en la cara. Si entraba y veía a un hombre con los ojos brillando en rojo carmesí, probablemente iría de patitas hacia el administrador y de ahí a SHIELD, y ya pues volvería a tener un problema por culpa del inadaptado y anti-social de Gambito. Lo acomodó encima de la mesa y se sirvió un poco de jugo. Tu pudes verme cenar si quieres. ¿En serio no tienes nada mejor que hacer que venir aquí a molestarme? ya no le estaba reclamando nada, sólo comentó, en una voz más sigilosa como preguntándose y como acentándose a la idea de que no saldría tan fácilmente Dime qué es lo que quieres en serio. Dudo que hayas venido sencillamente para saludarme, llenar el sofá de pelos de gato e invitarme una copa. Disculpa si desconfío del ladrón. No me la llevo muy bien con ellos tomó el tenedor y se llevó a la boca un bocado de su cena.

OFF: Disculpa si no te doy mucho roleo o es muy corto. Me falta inspiración ahorita. Lo siento.
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Mensaje por Remy E. LeBeau Sáb Jul 12, 2014 10:51 am

Algo cautivante para el ladrón era recibir tanta hostilidad por parte de la agente de SHIELD. Es decir, comprendía que se resintiera porque claramente le iba ganando en aquella disputa personal, que para él no era nada en serio. Hasta el momento, ella no había podido atraparlo, detenerlo y llevarlo a las celdas de su división internacional de alta gamma. Y aquello debía irritarla bastante, ¿pero tomárselo tan a pecho? Era ridículamente gracioso. —Por suerte nuestros parámetros sobre lo "bueno" o lo "malo" son diferentes, que me atrevo a afirmar que entonces si tu dices que es malo... entonces resultó ser bueno, pero no efectivo...— sentenció el castaño, riendo burlón ante la mirada que ella le había dedicado y el embrollo cognitivo que había realizado con sus palabras, para intentar enredarla con su lengua -de un modo metafórico- y así confundirla, dejándola momentáneamente desorientada. Aunque esto se reducía a fracciones de segundo, claro está. Dejó que su mirada viajara hasta el cuerpo de la chica, recorriéndolo con tranquilidad, sin lascivia ni deseo expresos. Simplemente, observándola, apreciándola si se quiere. —Habrá que cambiar eso, digo, no pretendo que me veas y sonrías de felicidad... pero tampoco que te pongas tan hostil... No obstante, que no confíes en mí, será algo que tendré que aceptar, aunque si sirve de algo, no tienes nada que me interese robarte...— replicó divertido y entretenido el ladrón, jugando con un siete de tréboles entre una de sus manos y bebiendo de la copa un sorbo de la bebida histórica en la existencia humana. —Y dudo bastante que puedas enseñarme como funciona el mundo, incluso que lo entiendas a la mitad comienzo a dudar...— masculló con sinceridad, algo soberbio y orgulloso. Pero a su vez, consciente que la morena ignoraría aquella afirmación, siquiera dudaría al respecto, grave error en cierto punto.

Pero más allá de eso, un atisbo de sonrisa se reflejó en su rostro, fijando sus ojos escarlatas en el rostro de la muchacha, desviándose luego a su pecho y cuello, notando como los moretones se extendían hasta sus hombros. —Que buen insulto, u ataque, como gustes llamarlo. La verdad, tu habilidad para manejar metáforas me deja anonadado. Solo estaba siendo... ¿cgomo es qge dicen ustedes? Amable...— masculló rodando los e incorporándose en su asiento, haciendo que el cachorro de gato se alejase de un salto asustado, pero luego regresara hasta Remy y se acomodara sobre su regazo, haciéndose un ovillo y comenzando a dormitar ronroneando, con la barriga llena. —Aun así, si es a cambio de que sonrías, podrás seguir haciendo esos comentarios estúpidos...— señaló el mutante, estirando la mano con el naipe aun entre sus dedos, remarcando el hecho de que sonriera. Algo reprochador, cual niño pequeño cuando destaca algo que no le gusta le hagan.
Su semblante, impasible, escuchó con paciencia y atención el escueto relato de la agente internacional. Murmurando por lo bajo, un par de "Mmhs" y "Ahams" entre palabra y palabra. Entendía, ahora de modo confirmado por cómo había relatado el suceso, que no quería hablar de ello como si estuviera traumada. —¿Qué demonios hacías..?— se interrumpió a media pregunta, buscando reformularla, ignorando la petición de la morena. —Mejor dicho, ¿cómo mierda acabaste en una situación así? Creí que los monstruos eramos nosotros, no ustedes...— masculló refiriéndose a la clásica pelea y conflicto racista entre humanos y mutantes. —¿No se supone que entre agentes y sobre todo SHIELD protege a sus agentes sin exponerlos? Al menos no de un modo tan estúpido...— inquirió el de Nueva Orleans, ocultando con muchas preguntas y un habla acelerada, el ligero fastidio y rencor que le producía aquello.

Aprovechó para rascar detrás de las orejas al minino, observando como había quedado vacío el recipiente de leche que le había preparado. Y con la otra mano apuró la copa, acabándose el vino y dejándola sobre su lado, en el sofá, ya que con el gato encima no podía inclinarse sobre sí para depositarla en la mesa. Observó a Dianna recibir la cena y evitar por todos los medios que la mucama pudiera ver dentro del apartamento, clásico. Una risa se le escapó. —Discúlpame, ¿cómo te he molestado precisamente? Y qué mi mera presencia lo haga, no es una razón válida...— se anticipó el de mirada escarlata, entretenido por la situación. Una risa pausada y tranquila se volvió a manifestar en el aire, gracias a él, al oír aquella última intrigante de la astronauta. —¿Tan poco creíble es de ser así? Aunque admito que el gato es un amigo que hice en el camino, no entraba en mis planes. Por otra parte, un vino y una charla amistosa, sonaban como buenas ofrendas de tregua... Digamos, que me gusta... conocer a mis contrincantes... No veo esto como tú lo ves Dianna...— terminó por expresar el castaño, mirando al minino que estiraba el cuello en busca del dedo del mutante, para que le hiciera aun más cariños.
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Mensaje por Invitado Lun Jul 14, 2014 2:51 pm

La presencia de Remy no dejaba siquiera que ella diera buenos bocados de la comida que humeaba en frente de ella. No es que simplemente fuese a pensar de que le iba a robar la comida o que iba a atacarla, su instinto y su paranoia no llegaban hasta los límites de los tonto. Sus palabras no eran precisamente las que les daban el mejor ambiente para alimentarse, y para cuando comenzó a hablar, ésta vez deteniéndose poco y pausando nulamente, ella dejó caer el tenedor encima de su plato y rodeó los ojos Vamos a ponértelo de ésta forma, LeBeau. Tu eres un ladrón buscado por la policía y por la organización S.H.I.E.L.D. y yo soy una de las agentes que pusieron en la posición de atraparte, a parte de eso, haz robado algo que me pertenece y que es lo suficientemente especial como para molestarme con ello. Tu mismo lo estas diciendo, no tengo por qué sonreír y tirarme a tus brazos como cual personaje de Disney ¿Entonces? ¿En serio crees que tengo que tratarte de otra forma que no sea ésta? Bájate de esa nube de donde estas colgado, red-eyes. La única razón por la que no he corrido a atraparte o a dispararte es porque ya he tenido suficientes cosas hoy como para querer empeorarla más contigo soltó un suspiro en su última oración y se levantó de la mesa con el jugo entre una de sus manos. Dio un par de pasos, sintiendo el frío sobre el suelo de su departamento y situándose a un par de pasos desde donde estaba él, encendiendo la pequeña luz que estaba en el área para dejar de mirar sus ojos tan brillantes entre tanta oscuridad, que después de todo se volvía un poco incómodo. Parecía como si hablase de un espectro maligno.

Mostró sus dientes en una sonrisa para él y ladeó su cabeza hacia un lado. El sarcasmo era descrito en la curvatura de ella, y pudo reflejarlo en lo poco que duró. Cruzó sus brazos por encima de su abdomen, manteniendo el vaso de vidrio estático para que no se desparramara en el suelo y empujando su cabello un poco hacia adelante, si bien ya había visto las marcas no había necesidad de seguírselas mostrando. Era una marca de su debilidad y de lo incompetente que había sido su equipo de trabajo al momento y llevarla al aire libre no era algo que le mostrata mucha satisfacción u orgullo; no quería siquiera que el ladrón se anclara de la posibilidad de humillarla por eso, aunque le viese más con la intención de criticar su equipo. Esquivó su mirada nuevamente, fijándola en la índole profundidad que llevaba detrás del pasamanos de su balcón. Un par de luces se reflejaban sobre el vidrio y ella intentaba morder su lengua para no soltar ningún tipo de barbaridad. Habían hecho mal en simplemente dejar que fuese expuesta de esa forma, pero la huída de las personas podría haber sido el factor principal de su tardida llegada Tu no entiendes. Hay monstruos de toda clase, no sólo mutantes confesó, conectando su mirada con la de él Fue mi culpa. No pensé en que el enemigo podría tomar... la delantera enfocándose en lo que ocurría a su alrededor. Pero... nada olvidalo. Tampoco se iba a poner ahí a darle una clase de cómo funcionaba su trabajo y lo que debía tener en cuenta.

Sus últimas palabras le hicieron cerrar sus ojos y negar con su mentón. Bebió otro sorbo grande su su bebida hasta dejar completamente vacío el vaso. Se ocultó un poco en hombros, sin encorvarse. Remy.. ¿Qué es lo que en serio crees? No puedo creer que hayas venido a por un trago y una bonita charla con una mujer. Estoy más que segura de que podrías conseguir lo mismo en cualquier bar del condado, y más aún en Nueva York miró al gato, y pese a que no le agradasen tanto, prefirió siquiera no preocuparse por lo que pudiese hacer o no, a final de cuentas terminaría abandonando el recinto para el día siguiente y quizás más nunca tendría que preocuparse de eso. Eso de conocer a tu enemigo tampoco me lo creo mucho. No harías nada tampoco con información de mi vida salió del lugar, dejando el vaso sobre una de las mesas y se apoyó del pasamanos, mirando el montón de metros que quedaban de una caída que podría ser dolorosa.

El viento ondeaba su cabello y lo hacía arrastrarse hasta por encima de su codo derecho. Las sirenas de patrullas de policía, ambulancias y las titilantes cocteleras encima de ellas eran por mucho lo que iluminaba gran par de las dos calles que podían verse en la lejanía. Odio Nueva York confesó en voz alta, soltando un suspiro de agobio. Mucho ruido para mis gustos. Ya entiendo por qué te mudaste desde Nueva Orleans para acá lo decía porque ya... por mucho que trabajara, por mucho que viviera, era en realidad unas verdaderas vacaciones que necesitaba, y lo más cerca de vacaciones que iba a estar sería el espacio sideral. Sentía el aire húmedo por el verano, pero lo suficientemente frío y constante como para hundirse un poco más en sus hombros.
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Mensaje por Remy E. LeBeau Mar Jul 15, 2014 3:40 am

Arqueó una ceja al notar la exasperación que generaba en la gente. Era curioso el hecho de que -al menos aquella vez- sin esforzarse acababa logrando de todos modos el fastidiarla. Y en ese momento no le alegraba en absoluto. Al punto que cuando escuchó el cubierto golpear contra la cerámica de la vajilla y el discurso que le profirió cerró los ojos e intentó hacer como si nada, bufando aburrido. —Dejando de lado el hecho de que tenga tu brazalete, un brazalete cuyo significado aun no me explicas ¿Qué motivos tienes para ir tan a la defensiva? Sí, S.H.I.E.L.D me busca y la policía aun intenta resolver algunos de mis robos sin enterarse siquiera quien soy yo ¿Y? ¿Eso a ti qué? ¿En serio me vas a decir que te molesta si le robo o le dejo de robar a un idiota? ¿En serio me vas a juzgar por eso? No te creo...— masculló burlón el de Nueva Orleans mientras miraba la copa vacía sobre la mesa y la botella de vino, como si le tentaran a servirse más y beber. Pero la pereza y la comodidad de su posición le impedían que tuviera la voluntad suficiente para hacerlo. Acostumbrado a la penumbra en la que estaban, cuando encendió la luz, como acto reflejo sus párpados se cerraron. Y tuvo que parpadear varias veces y entrecerrar los ojos para acostumbrarse al cambio de iluminación, e incluso así, los ojos le quedaron lagrimosos. —Podrías haberme avisado...— se quejó el mutante, mientras el gato igual de molesto por el cambio de luz se arremolinaba más sobre el abdomen de Remy.

Quiso esperar la respuesta de la muchacha con tranquilidad, más el silencio se produjo. Y entonces invadió el ambiente mientras la mujer morena de castaños cabellos sonreía con sarcasmo que no terminaba de saber interpretar el de mirada carmesí. Por ese mismo motivo, se distrajo, comenzando a jugar con el minino, haciéndole caricias y cosquillas, llamando su atención con una mano, para que tratara de atraparla con sus garras. Cuando volvió a levantar la vista, sus marcas habían desaparecido, ocultas tras su melena marrón, puso los ojos en blanco y rió. Era orgullosa como ella sola, hasta en detalles irrelevantes. —Con más razón, ¿qué hacías sola contra ese "monstruo"?— le preguntó el castaño mirándola a los ojos, serio y tranquilo, desafiándola a que respondiese. —Y de no estar sola, ¿qué hizo tu equipo?— agregó el muchacho mientras se veía contrarrestado por esas palabras finales "...nada olvídalo". Arrugó la nariz, no quería dejar el tema, pero insistir no lo iba a conducir a nada. A menos que quisiera que lo echara de nuevo, o intentara hacerlo.

Aquella pregunta le descolocó un poco, tenía un buen punto a su favor. —Una charla con una chica bonita, querrás decir...— la corrigió pedante, para entretenerla un rato con el halago, ya sea para tomárselo a bien o burlarse de él, ganaría tiempo.
Pero de igual modo se tomó el suyo para pensar y luego responder, por primera vez o por única vez, estaba haciendo que reflexionase ¿Qué es lo que realmente quería? Porque no es que quisiera acostarse con ella, de ser así, no iba a conseguirlo de aquel modo. —Quizás no quiera solo, una charla, no sé. No es cuestión del trago y la charla, sino de la chica... Y no me malinterpretes... Pero no todos los días se dialoga tan tranquilamente -con sus hostilidades incluidas- con una agente de SHIELD que está condenada al fracaso de intentar atraparte...— respondió divertido el ladrón, jugando un poco con ella al destacar que no iba a lograr atraparlo. Pese a que tuviera bastantes posibilidades de hacerlo, no lo negaba, pero no estaba ni cerca, debería ser paciente. —No es que pretenda hacer nada con ella realmente, simplemente tengo ganas de conocerte. No es como si fueses una chica más, aburrida y con mierda en la cabeza... Aunque admito que tuve una mejor primera impresión, me decepcionó en cierta medida que seas tan arraigada al sistema...— respondió en esencia con una reflexión personal el muchacho. Tampoco iba a ponerse a hablar de filosofía, cultura y política con la joven. La observó salir de la sala y se incorporó con la intención de seguirla, pero se quedó quieto al final cuando ya había tomado la botella de vino.

Se paró por completo, haciendo que el gato saliera huyendo a un lado y se acomodara sobre el sofá, mirando con cara de ofendido al mutante. La imagen que podía ver de ella en contraste con el paisaje era para fotografiar. El viento acariciando su melena, ella apoyando el peso de su cuerpo sobre sus manos apoyadas en la barandilla del balcón. Y la inmensa Manhattan como fondo con sus ruidos, sus luces de colores y su actividad nocturna. Pero cuando hizo el comentario sobre Nueva York y estuvo por bromear, su rostro se ensombreció. La expresión de su cara cambió y salió al balcón caminando hasta la otra punta pensando en largarse. —No, no tienes la más puta idea de qué hago en esta condenada ciudad...— respondió frío, hostil, sombrío y sin ánimo en la voz. Gruñó más para sí que para ella y llevó la botella hasta sus labios dándole un trago al dulce vino, buscando tal vez ahogar recuerdos demasiado recientes.
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Mensaje por Invitado Vie Jul 18, 2014 1:04 pm

Remy hablaba mucho, hacía muchas preguntas y ella seguía tan firma como siempre. La verdad era que muchas de las cosas a las que él le mostraba incógnita no cabían entre las respuestas que le pudiese otorgar Dianna. Ella era muy cerrada en cuanto a su sentimentalismo se trataba, iba recubierta por una especie de burbuja que parecía inquebrantable para muchos y que él ya había comenzado a rasgar. El viento seguía golpeando su cabello, tumbándolo por encima de su hombro derecho y dejando que sus puntas volasen por la presencia del elemento. El sonido de la gran ciudad le servía como un foco para perder el interés en lo que él estaba hablando, pero sus preguntas seguían latentes dentro de su pensar. La última escena, la de su última misión, tétrica y peligrosa que la había llevado hasta el borde de la muerte tenía poco significado para ella, su cuerpo y su mente siempre estaban en riesgo a donde quiera que fuese: Londres, Rusia, Canadá, Brasil, todos representaban un gran reto para su labor como agente, para su inteligencia para su astucia y para muchas otras cosas más, pero era la primera vez que quién fallaba era la agencia y no ella. Seguía preguntando ¿Qué hubiese pasado si de casualidad fuese durado un poco más de 4 segundos en ese lugar? ¿Habría muerto? ella podía hacerse la estúpida, oídos sordos y colocarse una venda oscura sobre los ojos para no tener que comentar sobre sus quejas, pero la última había sido la gota que derramó el vaso, y el incrédulo LeBeau estaba haciendo que la sangre le hirviera.

Escuchó su piropo pero tampoco levantó su voz para replicarle, sí, era lindo cuando quería y de seguro con su hablar conquistaba a más de una, sólo que ella estaba fuera de su rango de alcance. su siguiente reacción no estuvo tan lejos de como ella pensaba que iba a reaccionar, estaba cabreado por la simple idea de ella parecer una completa ignorante de lo que rodeaba el mundo del excéntrico ladrón de Nueva Orleans, no era su acento francés simple y básico, tampoco era lo que hacía, había algo más que ella podría averigüar si se pusiera en ese plan, pero no lo hizo —Uhmm... parece que ahora sí nos estamos entendiendo—. Él podría mostrar la posición que quisiera, la de chico malo, rudo, frío, hóstil y cualquier otro descriptivo que la morena pudiese buscarle, ella seguiría con la misma, aunque... debió aceptar con una sonrisa que esa última forma de expresarse había sonado un poco más al Remy que ella manejaba en sus pensamientos. —¿Te han dicho que eres sexy cuando te molestas así?— discutió con una sonrisa sarcástica sobre su rostro, como una leve venganza al piropo de hace un rato. Se giró hacia donde estaba él, apoyando su espalda y su cuerpo de la esquina del balcón, moviendo sus manos para aferrarse al pasamanos y evitar golpear uno de los jarrones de tierra y plantas que había cerca de sus pies. ''Ésto es sólo el comienzo, Lebeau'' refutó en su mente, como una pequeña voz que le gustaba conversar con ella y gritar dentro de su subconciente palabras que ninguna otra persona podría escuchar. Su mente era para ella algo completamente privado y agradecía a Dios que no se había tenido que enfrentar nunca a un telépata, porque de seguro y el mutante sacaría todo el provecho del descontrol emocional que llevaba la sobrina del primer hombre en llegar a la luna.

—El brazalete me lo regaló mi abuela— comenzó. Pensó que si se abría un poco a él, respondería quizás cosas sin siquiera preguntarle, lo único que temía era que si... hablaba mucho terminase por revelar más de lo que le gustaba. —Yo tenía como 15 años. Iba saliendo del colegio, era día de san valentín y todas las chicas tenían regalos menos yo— miró al piso, con una sonrisa, más como un recuerdo feliz que como uno triste —Y recuerdo que llegué a casa con mis ojos hinchados de tanto llorar en el camino y ella me sacó de una caja el brazalete. Era de su mamá, una enfermera en la primera guerra mundial. Fue el mejor regalo de san valentín que alguien haya podido hacerme hasta ahora. Me dijo que era mi máquina del tiempo, que cada vez que algo muy bueno me pasara, podría colocarle un dije que reflejara aquél recuerdo.— tragó con un poco más de fuerza para contar el final —tres días después murió por causa de un paro cardíaco.— se encogió cun poco en hombros, alzando su mirada hacia él y empujando su cabello por detrás de sus orejas. —Con respecto a Shield, no quiero ya hablar de ellos. Renunciaré después de completar lo que necesito completar. Ahora si me puedes servir una copa. Tienes 2 minutos... antes de que cambie de opinión y termine por pedirte que te vayas más agresiva.— y sonrió.
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Mensaje por Remy E. LeBeau Sáb Jul 19, 2014 5:11 pm

Era consciente de que aquello era una partida de ajedrez. Y lo cierto era que justamente había comenzado aquel juego porque con dicha partida de ajedrez no tenía nada que perder y todo por ganar. Claro que para entrar al redo, pagabas un precio, arriesgabas algo. En su caso era su vida, quizás lo más íntimo, pero él no lo veía así. Él pensaba que si perdía, era por acabar en las celdas de S.H.I.E.L.D. y pese a que amaba su libertad y su vida, no le hubiera molestado hacerlo. Era quizás muy cínico de su parte pero era la verdad pura y neta, de terminar así, sería una completa aventura y además un nuevo reto que superar para le diable blanc. Lo que no esperaba es que la chica siguiera siendo tan retraída y jugara tan a la defensiva, incluso una noche de semana luego de regresar de un día difícil. Chasqueó la lengua para sí mismo, quizás ahí yacía el problema: había sido un día difícil.

Su ceja se arqueó el escuchar aquellas palabras, una simple respuesta misteriosa y que dejaba a interpretación del estafador completar su sentido ¿Acaso quería seguir jugando con sutilezas? Incluso le descolocaba que no hubiera hecho un gesto, no expresado palabra alguna ante su comentario soez, su piropo. De todos modos lo interpretó como algo bueno, por algo pretendía eludirlo, ya que entendía no iba a recibir crédito por ello. —Al fin...— manifestó en lo que pareció un comentario sarcástico sin que él se de cuenta. Diciéndolo por decir, la costumbre o la situación, el contexto o por quién él era tomado, hicieron que aquella frase lo pareciese. Mas una sonrisa ladina se reflejó en su rostro, mientras el terminaba de salir al balcón y se acomodaba a su lado apoyando el peso de su cuerpo en sus antebrazos, que se sostenían sobre el barandal. —Nunca me he molestado con nadie así, quizás y es que seas especial— contra atacó divertido el pseudo francés mientras cerraba los ojos por un momento disfrutando de la cálida brisa veraniega. Realmente a Nueva York le hacía falta algo de frescura. El susurrar de la tela del vestido que llevaba la joven mujer indicó a Remy que se estaba moviendo. Entonces, lentamente él abrió sus párpados para encontrarse con el rostro de Dianna al voltear. Recargó entonces de costado su cuerpo, contra la barandilla nuevamente, apoyado ahora en un solo antebrazo, de perfil. Mientras simplemente se dedicó a mirarla a los ojos y dejar o amagar a que su vista se tentara a perderse en el resto de su cuerpo. La sonrisa ladina y de soslayo en su cara, jamás abandonó su posición mientras LeBeau pensaba. Debía llegar a ese punto donde cada palabra tenía que ser estrictamente sopesada antes de ser dicha, o acabaría hablando de más. Ese era el riesgo de tener una conversación amena con ella, un riesgo jamás corrido por una situación jamás lograda.

Estaba disponiéndose a hablar, pero simplemente ya no sabía con qué darle charla a la agente. Las ideas, le escaseaban en aquel momento y el vino lo seducía, lo invitaba a beber de la botella. Para su suerte la morena despegó los labios para algo más que suspirar o sonreír y simplemente se dedicó a escucharla. Sonrió al entender el significado del brazalete, casi conmovido por una historia inocente sobre una chica con una vida de buenas a primeras, inocente. —Es una historia conmovedora, admito que ahora quiero saber como te veías con quince años. Porque si no estabas distinta, habrá que golpear a los niños de tu clase ¿no? Una cosa es tener otros intereses y otra muy distinta no regalarte nada— manifestó el castaño, no iba a tocar el tema de su abuela, además, ella no necesitaba que él le dijera que fue una gran persona. Por dos cosas, ella ya lo sabía y él no la había conocido. —Sucede que a mí si me interesa S.H.I.E.L.D. pero para que veas lo bueno que soy, dejaré el tema... vous es mon interés, esta noche— comentó divertido y descarado el mutante, mientras daba un trago de vino al cristal y luego se lo ofrecía con gentileza a Dianna. —¿Qué es eso que necesitas completar? ¿O es ultra secreto y el ladrón que ha conseguido robarte una sonrisa no puede enterarse? Por otro lado, me olvidé las copas, así que tienes dos opciones sobre como beber...— masculló Etienne, mientras se acercaba un paso a ella acortando distancias. Para así susurrar sobre su oído, sabiéndose recibidor de una bofetada o peor aun, un golpe más serio y fuerte, luego de aquello. —O pruebas de mis labios, o bebes de la botella...— masculló con algo de cinismo provocador, en el sentido de hacerla enfadar un poco, solo un poco, mientras colocaba el vino sobre la mano femenina, esperando que lo tomara y al separarse quedaba enfrentado a ella. Cara a cara, con sus labios centímetros, sin que se rozaran, sonrió y se echó atrás. Sabía que intentaría ridiculizarlo por ello, o al menos devolverle la provocación directo a su orgullo.
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Mensaje por Invitado Mar Jul 22, 2014 3:44 pm

La presencia del chico de ojos carmesí se había postrado en la terraza, su voz grave y baja se escuchaba con mayor claridad, pese a que el viento zumbaba en los oídos de la morena —Muchas palabras vacías Remy, incluso para mis gustos— no fue como un ataque, más bien como una observación, eso de que era especial ya se lo habían dicho tantas veces, sin sentido ni lógica que ya le había perdido la gracia a la palabra y sencillamente había obtado por eliminarla de su diccionario y de su vocabulario. Ella había soltado aquello que él anelaba desde que le había arrebatado aquella humilde y casi insignificante pieza de sus accesorios que si bien no la llevaba puesta en todo momento y no la llevaba a todos lados, cargaba un valor sentimental que no esperaba que Lebeau entendiera, después de todo... se trataba de un ladrón, dudaba siquiera que tuviese alma. Se ocultó un poco en hombros justo cuando él empezó a reflejar la molestia que quizás le fuese otorgado al revelarle que nadie le había regalado nada para quella época en el día de San Valentín, y así fue como una sonrisa se reflejó sobre su rostro, viéndose obligada a mirar hacia el suelo, en su clara posición de no hacer preguntas ni indagar por nada más que lo que él quería tomar a gracia... o tal vez no.

Ladeó su cabeza de un lado, con la sonrisa dibujada en su rostro e intentando siquiera mirarlo —Si voy diciéndolo por ahí capaz nunca lo complete. Un paso a la vez, Lebeau, no quieras correr antes de gatear—, quizo agregar algo más, pero su simple proposición causó que arqueara una de sus cejas, casi arrugando la nariz. Estaba la simple oportunidad de reírse en su cara o simplemente golperlo por tomarse el atrevimiento —¿Eso es lo que querías?—, no prestó atención a su cercanía, ni si quiera al cosquilleo que representaba tener su voz vibrándole en el oído. Tomó uno de sus hombros y... colocándose un poco en las puntas de sus descalzos pies, alcanzó sus labios para probar el vino que había quedado en ellos y que a penas se podía sentir en su lengua. Sus dedos se clavaban sobre su piel rústicamente, a pesar de que sus labios hacían un trabajo un poco más delicados. Tardó poco en ello, y cuando pensó que ya era suficiente se alejó ella de él, arrebatándole la botella de sus manos y empinándosela para beber un poco más del licor y quitarse el sabor que sus labios habían dejado en los de ella —Defintivamente mejor me quedo con el sabor de la botella directamente, gracias— le dio un buen trago y ya después se lo volvió a dejar sobre sus manos, y si para lo que había ido sería estrictamente un beso, supondría que ya después de eso se podría ir y abandonar el recinto para ella poder descansar —Al final nunca me dijiste por qué es que terminaste en una ciudad como Nueva York, si quieres también me puedo poner a adivinar, no soy telépata pero puedo hacer el intento— consagró curvando la esquina de su labio en una sonrisa y dándose media vuelta, apuntando a su cuerpo con uno de sus hombros, mientras apreciaba los metros hacia el suelo que iban desde su terraza.
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Mensaje por Remy E. LeBeau Mar Jul 22, 2014 7:42 pm

La nariz del muchacho se arrugó de tan solo oírla. Más entendía la negligencia de adoptar aquella actitud ante su declaración tan abierta. —No seas necia, tampoco te estoy diciendo que eres la mujer de mi vida. Simplemente digo que pese a que seas parte de esta sociedad consumista, no eres tan... idiota— manifestó el de ojos escarlata. Restándole tanta importancia al asunto que parecía incluso ridículo que él fuera a altas horas de la noche, casi de madrugada, para visitarla. Pero la curiosidad le podía mucho más, entendía que si no le creía no era por él. Sino porque toda una vida, una historia detrás, hacían que ella reaccionara así. Que tampoco estaba mal, más con él, cuando seguramente en su expediente de SHIELD, figurara como un ladrón mentiroso y manipulador, falto de escrúpulos. De reojo pudo observar, como ella se cohibía de tan solo mencionar su adolescencia y aquella sonrisa en el rostro, le indicó que debía detenerse. No porque le hiciera mal, sino porque hasta ahí era suficiente, con que ella sonriera le bastaba.

Negó y chasqueó la lengua resignado, al escuchar aquella negativa. Simple y clásica, eran las palabras exactas para que el no tuviera réplica posible ¿o tal vez no? —Ya me conoces Dianna, o al menos leíste mi expediente, me gusta intentar volar aun sabiendo que soy incapaz de ello— se excusó como si en verdad tuviera que disculparse y acompañó sus palabras de un gesto teatral con sus manos, pidiendo perdón. —¿Respondo la verdad o la mentira?— tuvo el descaro de contradecir. Más no obtuvo respuesta alguna y ante la inmedicación se vio simplemente abordado por ella. El peso de su mano ejerciendo cierta presión sobre su hombro hacia abajo. Como el movimiento fue fluido y natural, cuando quiso darse cuenta, le estaban besando. Y poco tiempo tuvo de corresponderle, pese a que llegó a hacerlo. La suavidad de sus labios se hizo sentir mientras él simplemente la dejaba hacer, notando como el sabor de la bebida se entremezclaba con el de la esencia ajena.
Se dejó arrebatar la botella cuando se separaron, dando medio paso hacia atrás. Se quedó viéndola, totalmente entretenido mientras se relamía con avidez. —Una pena, pero gustos son gustos...— dijo riendo, mientras se encogía de hombros. Sus ojos se fijaron en el cristal perfilado, para ceder su contenido sobre la boca de Armstrong. Más se ocupó de recuperar la botella cuando ella acabó, oyendo con atención su pregunta. Una amarga sonrisa se dibujó en su rostro mientras la veía de perfil y él de un salto, se acomodaba sobre la baranda del apartamento. —Es una buena pregunta, incluso resolvería tu caso en aquella apestosa agencia para la que trabajas— admitió divertido el castaño. Considerando que si eso sucedería, entonces su juego del gato y el ratón se acabaría. —Hagamos un trato— manifestó el bandido, mientras daba un nuevo trago a la botella y la apoyaba sobre la barandilla a sus pies, entre la mujer y él. Dejándola al alcance de ambos. —Yo te cuento qué hago aquí, si tu me cuentas por qué trabajas para SHIELD, ¿ça va?— inquirió el de Nueva Orleans mientras sonreía con malicia y picardía.
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Mensaje por Invitado Jue Jul 24, 2014 3:40 am

Dianna llevaba un par de años como agente del sistema homologado de inteligencia, espionaje, logística, y defensa, su ascenso no había sido el más extraordinario de todos, de hecho, no fuese llegado hasta donde estaba si no fuese sido por un gran amigo de ella, y por lo mucho que había trabajado ahí, sabía perfectamente que no siempre lo que salía en ele xpediente era totalmente cierto. Se había encontrado con papeles de información que contenían datos falsos o sobre-exagerados que buscaban era mostrar una señal clara de interés en los agentes del gobierno para poder extraer aquel peligro de la sociedad, ¿Todos lo eran? No. Se había encontrado un par que sólo eran un simple foco para la agencia por el simple hecho de cargar una carga genética diferente a la de las personas regulares... mientras que otros, sin embargo, llevaban una posición muy parecida a la que tenía Remy, condescendiente y aparentemente poco peligroso, eso hasta que sacaban las garras -literalmente- y rompían todo tipo de estereotipo que la morena pudiese haber tenido en ellos. Estaba claro que Dianna había sido una persona que por su obligación llevaba por elocuencia una facilidad para llevar el ambiente de la forma más a mena sin juntar sus emociones con ellos, una regla fundamental que había roto en el primer instante que marcó el inicio de una conversación con el chico de los ojos carmesí.

No le importaron sus posibles excusas antes de besarlo, y no le importaron tampoco después que decidió alejarse de él, aún con el sabor del fino vino pegado en su garganta como si fuese goma de mascar. —Nunca me fío al cien por ciento de lo que dictan los expedientes, creo más en lo que veo en mi trabajo de campo— corroboraba ya la manera en la que ella veía al chico. La indirecta fue lanzada y para nada explicada. Se subió a la barandilla, sosteniéndose con fuerza para no caer hacia atrás y posiblemente llevarse una muerte terrible o al menos un buen titular para el periódico de la mañana siguiente. —Ya te dije, no le cuento a nadie mis planes secretos... si lo hiciera... Dejarían de ser secretos ¿No? No estas en la obligación de contarme tampoco, si es que me resulta agradable en cierta forma tener que trabajar más duro para descubrir las muchas cosas que ocultas, Lebeau, será un trabajo quizás para años, semanas o quizás horas... quién sabe— y se ocultó en hombros, con una sonrisa y una mirada hacia el suelo que mostraba un poco de seguridad. Ladeó su cabeza hacia un costado y con una de sus manos tomó un mechón de su ondulado cabello para girarlo alrededor de uno de sus dedos. —Sigo sin entender el interés en tu visita de hoy. No me como ninguno de tus cuentos. ¿Quieres algún tipo de información de la agencia o simplemente haz venido para joderme un poco la vida? Lo digo porque podrías simplemente apresurarte, así más rápido podré yo irme a dormir— se bajó de la barandilla y volvió a cogerle la botella.

Bebió un poco más de ella, otro trago grande antes de estampársela sin mucha fuerza en el centro de su pecho, esperando que la cogiera para ella poder soltarla por fin —Tienes suerte de que ni siquiera haya intentado dispararte, eso o que a mi se me olvidara recargar el cartucho— comentó soltando una carcajada que prontamente ahogó entre sus dientes, mirándole los ojos que casi brillaban en la oscuridad de la noche. La temperatura no era que descendía mucho, pero tanto tiempo afuera le había dejado con un frío, que divulgó al apretar sus brazos contra su cuerpo.
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Mensaje por Remy E. LeBeau Jue Jul 24, 2014 6:02 am

El muchacho se quedó viéndola por unos segundos, en lo que terminaba de decodificar sus palabras. "Nunca me fío al cien por ciento de lo que dictan los expedientes, creo más en lo que veo en mi trabajo de campo" sonó en el balcón ¿Qué se suponía que significaba ello? No lo sabía a ciencia cierta, no la conocía lo suficiente. —¿Y cómo se supone que me debo tomar eso? ¿Te ha gustado lo que has descubierto en mí? ¿O no ha diferido en nada de mi expediente?— planteó el mutante con una sonrisa de suficiencia en el rostro. Notó como ella lo acompañaba, sentándose a su lado sobre la firme barricada que evitaba cayeran al vacío. —Un secreto para muchos no significa que sea un secreto para todos...— insistió el de ojos escarlatas, mientras reía con naturalidad, efímero. —Por otra parte, dudo realmente que llegues a descubrir que hago en Nueva York. A menos que yo te lo cuente, claro. Pero puedes intentarlo, nadie dice que no, después de todo, ambos nos divertimos con esto ¿no es así?— contestó con honestidad le diable blanc mientras la miraba y con la botella en la mano volvió a dedicarle un trago. En lo que ella jugaba con su propio cabello, haciendo que su mirada se perdiera un poco en ello. —¿En serio me ves como el tipo de persona que vive buscando motivos para hacer lo que le place? Simplemente me dio la gana venir a joderte un poco. Pero si tan malhumorada estás, me marcho ahora mismo, no te preocupes— dijo con cara de fastidio mientras soltaba un bufido con mal genio. Dejó que le quitara el vino, mientras él giraba su propio cuerpo, unos noventa grados y así quedaba viéndola de costado con los pies apoyados sobre la baranda también.

Tampoco es que tema un balazo tuyo. Sigo creyendo que no tienes motivos para asesinarme a sangre fría. A menos que des por perdido tu brazalete.— comentó con tranquilidad el de Nueva Orleans mientras se dejaba estampar el cuerpo de la botella en el pecho y la tomaba para que no se cayera. Percibió por el rabillo del ojo como la brisa hacía mella en ella y sonrió de soslayo. —Madmoiselle— la llamó. —¿Te presto mi abrigo o te dejo volver adentro para ir a descansar?— inquirió adelantándose a la respuesta y concentrándose para saltar de improvisto del balcón sobre el ómnibus que en minutos pasaría frente a su apartamento, por la calle. El mismo que acababa de doblar en la esquina.
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Mensaje por Invitado Vie Jul 25, 2014 6:15 am

—Puede ser, redeyes. Lo único que te puedo decir es que hay cosas que necesitarán más que un par de atrevimientos tuyos como para cambiar lo que llevo tiempo viendo en ti. Espero no decepcionarte con eso— le contestó casi de forma inmediata cuando él se lo comentó. Remy no podía culparla a ella por ser desconfiada de un mutante de su calibre, llevaba mucho tiempo persiguiéndolo, llevaba mucho tiempo viendo de lo que era capaz y de las muchas caras que tenía, lo que decía... muchas cosas seguían presentes a pesar de que estuviese en un estado pasivo y que ninguno de los dos se haya intentado atacar desde hace al menos unos 15 minutos que llevaba en el departamento y que la morena sentía que había sido poco. —Es un secreto para todos... a veces hasta para mi misma— contestó más seco que lo anterior, sin intentar seguir sosteniendo la conversación.

Dianna no solía hablar de sus planes, de hecho a penas y se los recordaba cuando era necesario. No odiaba la agencia para la que trabajaba, pero su destino iba más ligado a la NASA de lo que pudiese hacer en SHIELD. —Como quieras, de todas formas tampoco estaba esperando que me contestaras la pregunta de la misma forma en la que yo te respondí a cerca de lo del brazalete. A fin de cuentas eso es lo que nos diferencia a ambos y es lo que hace mi trabajo mucho más interesante— con eso no estaba tratando de internalizar con el ladrón... más bien trazar una línea imaginaria y bastante significativa a lo de por qué ella nunca podría confiar en él, y el por qué en no debería nunca confiar en ella.
Se levantó desde el lugar en el que estaba, con sus brazos cruzados, apretándose contra su cuerpo mientras caminaba hacia adentro. Se dio un vuelco en su posición y... apoyando su mano y una de sus mejillas del filo de la puerta del balcón sonrió levemente, mirando hacia sus zapatos —La mayoría no suele necesitar una razón para asesinar. ¿Por qué habría de tenerla yo?— fue más como un comentario en broma, pues ella podría haber disparado un arma un montón de veces y herido gracias a ella, pero dentro de su pensar no cabía el título de homicida. —No. Puedes quedarte con tu abrigo.. igual gracias— adentro estaba un poco más caliente y no se dio cuenta cuando la presencia de Remy se había vuelto cómoda o placentera, pues había olvidado por completo cualquier tipo de acción prematura o siquiera insinuación que él le pusiera. Podría atribuirle al cansancio que tenía, y por alguna razón sus ojos seguían abiertos y enfocados en los suyos brillantes. —Pues sí que necesito descansar, ha sido un día muy largo y mañana será un día más largo todavía—
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Mensaje por Remy E. LeBeau Lun Jul 28, 2014 4:48 am

Su ceja izquierda se pronunció en un arco al oírla. Aquello bien podía ser un ataque directo a su orgullo. Ya que él acostumbraba a romper con todo lo esperado de sí. Aunque con el paso del tiempo, al verse capaz de todo -en su rubro- entendía que las expectativas solían estar a su misma altura. —Al contrario...— comentó como si buscase tranquilizarla, mostrándose interesado. —Pero quiero saber, qge est eso que llevas viendo en mí, hace tiempo...— preguntó, demostrando su incipiente curiosidad respecto al tema. Le gustaba saber que impresión daba a los demás, era una forma de conocerse a sí mismo. Por más que al final de la cuestión, no le otorgara una real relevancia.
Ya, ya, no quieres hablar del tema. Lo respetaré. Después de todo no tengo forma de convencerte ni obligarte a decirme— buscó apaciguar aquella sequedad y hostilidad que había recibido en modo de respuesta. —Aunque tampoco es una alternativa, en cuanto a mí. Si mis encantos no funcionan, no lo hacen y ya... no soy un tipo de métodos... ¿violentos?— pronunció al respecto el mutante, sonriendo divertido. La verdad es que no lo era, pero tampoco había tenido oportunidad de serlo, sus encantos siempre funcionaban y si no era eso, su astucia si.

Poco a poco, el de mirada carmesí quedaba más interesado en la castaña ¿Qué se suponía que estaba buscando en SHIELD, tan importante como para no decírselo a nadie? Lo que podía sacar de todo ese embrollo, era que no estaba cerca de lograrlo, sino no tendría que "recordarse a sí misma" sus intenciones, de vez en cuando. —Que ataque más fortuito. Sin embargo, no es válido— respondió, manifestando su ligero malhumor ante tal comentario. —Si bien no pongo en duda, la importancia de ese brazalete para ti, ni el valor de esa historia. Siendo realistas, no cambia en nada tu vida, ni tus condiciones o facultades. En cambio, que tu me reveles tus planes en SHIELD, si ¿no es así?— devolvió el golpe. El ladrón no era fácil de engañar, después de todo, él llevaba haciéndolo para vivir y comer desde que tenía memoria, desde que había nacido. Porque es cierto que él escondía y resguardaba mil y un detalles, datos y anécdotas sobre sí. No implicaba que no se demostrara tal cual era, de hecho aquel misterio era parte de él mismo. Por eso no era un farsante y por eso no se necesitaba conocer todo aquello para conocerlo.

Siguió con si mirada el recorrido de la mujer, mientras notaba como el autobús terminaba de doblar a la esquina, y comenzaba a acelerar la marcha. Se puso en pie, de un salto y sonrió con picardía. —Justamente, porque la mayoría es estúpida, no tiene motivos ni coherencia para matar. En cambio los que si tienen motivos, suelen ser un poco más inteligentes ¿De cuál eres tu Dianna? No te creo que si me respondes que me matarías así porque sí, mal que le pese al mundo, no valgo tan solo una bala de plomo en mi frente. Valgo más, por muy narcisista que suene y si quieres un secreto, tu no vales tan solo tener en tus manos mi sangre, vales más...— su discurso se había extendido más de la cuenta. Pero tampoco era que había dicho mentiras, falacias o la había manipulado. Un rufián que mataba para robar, era un idiota y encima mal ladrón. En cambio alguien que mataba vengando la muerte de sus padres, tenía motivos y si lo conseguía era inteligente: él solo contra los asesinos es un mérito.

Se paró frente a ella, sosteniendo su mirada, mientras recibía la negativa de su parte. El autobús se había detenido en una parada para permitir el ascenso y descenso de pasajeros. —En ese caso jolie...— dejó inacabada la frase, para salvar distancias y besarla por sorpesa. Aunque era un beso esperable y previsible, aquello en cierta forma lo hacía sorpresivo. No tenía mucho tiempo, si quería saltar sobre el autobus y marcharse, por ello lamentó no llegar a profundizarlo. Escuchó el motor del vehículo rugir, acelerando de nuevo mientras el se separaba lentamente, disfrutando los últimos vestigios de sus labios.
Sonrió con descaro al finiquitarlo, mientras sin esperar palabra o reacción alguna, volteaba y saltaba sobre la barandilla, con la botella de vino en mano. La empinó sin dudarlo al mejor estilo Jack Sparrow sobre la cubierta de un barco y cuando el autobús estuvo a la altura, saltó hacia el techo y aterrizó dando una ágil pirueta. Luego, con algo de impulso saltó hacia el balcón del frente y trepó con agilidad hacia él. Veloz como un relámpago escaló hacia arriba y luego, ya se perdió entre los techos de Manhattan, escapando de la mirada de la agente de SHIELD.
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